Análisis de Veterum

Pocos géneros consiguen transmitir una sensación de planificación y supervivencia tan satisfactoria como los RPG tácticos de fantasía oscura. Durante los últimos años han aparecido numerosas propuestas independientes que han intentado encontrar su espacio dentro de este nicho, ya sea apostando por sistemas extremadamente complejos o buscando un equilibrio entre accesibilidad y profundidad estratégica. Veterum pertenece claramente al primer grupo. Desarrollado por Crasleen Games y actualmente disponible en acceso anticipado, se trata de un título que toma elementos reconocibles de referentes como el videojuego Battle Brothers, pero los combina con un enfoque propio basado en la exploración abierta, la interacción con el entorno y un sistema de combate sorprendentemente rico en variables.

El punto de partida sitúa al jugador en un mundo que parece encontrarse al borde del colapso. Los bosques antiguos han despertado, extraños profetas anuncian el fin de los tiempos y diversos cultos sanguinarios llevan a cabo sacrificios mientras la sensación de una catástrofe inminente se extiende por todos los rincones del reino. Como comandante del último ejército de la Orden de los Guardianes de la Puerta, nuestra misión consiste en intentar frenar el caos que amenaza con devorarlo todo.

Sin embargo, conviene dejar algo claro desde el principio. Veterum todavía se encuentra en desarrollo y la narrativa ocupa un papel bastante secundario dentro de la experiencia actual. La campaña principal continúa en construcción y el juego pone casi todo su énfasis en las mecánicas sandbox y en la libertad que se concede al jugador para explorar el mundo y construir su propia historia a través de los sistemas que propone. Lejos de convertirse en un problema, esta decisión termina jugando bastante a su favor, ya que permite que el foco permanezca constantemente sobre aquello que mejor sabe hacer: ofrecer situaciones emergentes y desafíos tácticos capaces de generar anécdotas propias en cada partida.

La estructura general del juego gira alrededor de la exploración de un amplio mundo abierto repleto de peligros, eventos y oportunidades. Nuestro ejército puede desplazarse libremente entre distintas regiones, visitar ciudades, aceptar encargos, descubrir ruinas o enfrentarse a amenazas inesperadas. Aunque existe un objetivo general que sirve como contexto para la aventura, el desarrollo de la partida depende en gran medida de las decisiones que tome el jugador y de la forma en la que quiera gestionar el crecimiento de su compañía.

Uno de los aspectos más interesantes es la fuerte presencia de la generación procedural. Las misiones disponibles, las batallas aleatorias, los bienes presentes en las ciudades e incluso algunos eventos cambian entre una partida y otra. Se trata de una característica que muchos juegos anuncian con la clásica promesa de que «ninguna partida es igual», algo que no siempre termina cumpliéndose en la práctica. Veterum, sin embargo, consigue que este componente aleatorio tenga un impacto real en la experiencia.

Cada nueva aventura obliga a adaptarse a circunstancias diferentes. Puede que en una partida encontremos rápidamente recursos valiosos que nos permitan formar un ejército especialmente poderoso desde el principio o que, por el contrario, tengamos que sobrevivir durante horas recurriendo a unidades más humildes y aprovechando cualquier pequeña ventaja disponible. El resultado es una sensación constante de incertidumbre que mantiene el interés y evita que la progresión se convierta en una sucesión de situaciones previsibles.

La gestión del ejército constituye otro de los grandes pilares de la experiencia. A nuestras filas pueden unirse no solo humanos, sino también robustos enanos, misteriosos elvers y salvajes turanos. Cada una de estas razas posee sus propias particularidades y especializaciones, ofreciendo posibilidades muy distintas a la hora de construir una compañía equilibrada.

Lo interesante es que el juego no se limita a presentar diferentes estadísticas y ya está. La convivencia entre ciertas razas genera tensiones que también debemos tener en cuenta. No todos los combatientes se sienten cómodos luchando junto a determinados aliados, algo que añade un pequeño componente social a la gestión de la compañía y obliga a pensar cuidadosamente cómo queremos organizar nuestras fuerzas.

Cada unidad puede evolucionar mediante mejoras de atributos y la adquisición de nuevas habilidades activas y pasivas. También es posible encontrar artefactos raros y equipar a nuestros soldados con ellos para potenciar aún más sus capacidades. Poco a poco, el ejército va adquiriendo una identidad propia que refleja las preferencias estratégicas del jugador.

Hay cierta satisfacción en observar cómo un grupo de guerreros relativamente modestos termina transformándose en una fuerza mucho más competente y especializada. El juego consigue que nos preocupemos por nuestros soldados y que cada incorporación, mejora o pérdida tenga un impacto tangible en la experiencia.

Pero si existe un apartado donde Veterum demuestra verdaderamente su potencial, ese es el combate.

Las batallas se desarrollan sobre mapas divididos en casillas hexagonales y presentan un nivel de complejidad muy superior al de otros títulos similares. Desde los primeros enfrentamientos queda claro que aquí no basta con reunir un grupo de unidades poderosas y lanzarlas directamente contra el enemigo. La victoria depende de la capacidad para comprender cómo interactúan todos los sistemas que entran en juego.

La moral constituye uno de los factores más importantes. Los combatientes pueden perder confianza al verse superados numéricamente, sufrir demasiadas bajas o encontrarse en situaciones especialmente desfavorables. Un ejército desmoralizado se vuelve mucho menos eficiente y puede convertir un combate aparentemente controlado en un auténtico desastre.

La fatiga añade otra capa adicional de gestión. Cada movimiento y cada acción consumen energía, obligando a medir cuidadosamente el ritmo de la batalla. Una unidad agotada se convierte en un objetivo vulnerable y reduce enormemente su capacidad de respuesta. El simple hecho de administrar el esfuerzo de nuestras tropas ya introduce una dimensión táctica muy interesante.

La orientación de las unidades también desempeña un papel fundamental. La dirección hacia la que mira un personaje influye en sus opciones defensivas y en su capacidad para reaccionar ante determinadas amenazas. Proteger los flancos y evitar que el enemigo consiga rodear a nuestros soldados se convierte en una prioridad constante durante los enfrentamientos más exigentes.

A todo ello se suma la línea de visión. Los obstáculos, la vegetación, las elevaciones del terreno y numerosos elementos del escenario afectan directamente a la capacidad de atacar o detectar amenazas. Esto obliga a estudiar cuidadosamente cada campo de batalla antes de comprometerse con una estrategia determinada.

El sistema de iluminación resulta igualmente interesante. Cada casilla posee un nivel de luz específico que influye en determinadas criaturas y situaciones. Durante los enfrentamientos nocturnos, la oscuridad puede convertirse en un enemigo tan peligroso como cualquier monstruo. Encender hogueras o iluminar determinadas áreas adquiere una importancia táctica considerable y genera escenarios muy distintos a los combates diurnos.

El terreno tampoco es un simple decorado. Prácticamente todo el entorno puede manipularse de alguna manera. Podemos construir barricadas para bloquear pasos estrechos y crear posiciones defensivas más favorables. También es posible excavar zanjas, congelar ríos para abrir nuevas rutas de avance o derribar árboles para alterar significativamente el desarrollo de la batalla.

Este nivel de interacción convierte cada enfrentamiento en un auténtico rompecabezas táctico. Dos grupos idénticos pueden obtener resultados completamente diferentes dependiendo de cómo utilicen el escenario a su favor.

Incluso antes de comenzar el combate, Veterum permite introducir nuevas variables mediante el uso de pergaminos de un solo uso. Estas herramientas pueden provocar lluvia, envenenar a los enemigos o incluso desplegar una catapulta antes de iniciar el enfrentamiento.

Son pequeños detalles que, en conjunto, terminan construyendo un sistema extraordinariamente flexible y lleno de posibilidades. Cada combate se convierte en un ejercicio de planificación constante en el que siempre existen múltiples soluciones potenciales.

Lo más meritorio es que toda esta complejidad no se siente arbitraria. Existe una lógica clara detrás de cada mecánica y la sensación de progresión resulta muy gratificante. Conforme acumulamos horas de juego, aprendemos a leer mejor las situaciones, a aprovechar el terreno y a anticipar las consecuencias de nuestras decisiones.

Visualmente, Veterum adopta un enfoque modesto pero efectivo. Evidentemente no se trata de una superproducción y sus recursos son limitados, pero la dirección artística logra transmitir adecuadamente la atmósfera de fantasía oscura que define al juego.

Los escenarios poseen un carácter sombrío y peligroso que encaja perfectamente con el tono apocalíptico de la propuesta. Bosques amenazadores, asentamientos aislados y paisajes marcados por la decadencia contribuyen a reforzar la sensación de estar recorriendo un mundo que se encuentra en una situación desesperada.

Las unidades presentan diseños suficientemente diferenciados para que la lectura de los enfrentamientos sea siempre clara, algo especialmente importante en un juego tan dependiente de la información táctica.

El apartado sonoro cumple igualmente con solvencia. La música acompaña la exploración y las batallas sin buscar protagonismo excesivo, mientras que los efectos de sonido ayudan a reforzar la contundencia de las acciones y contribuyen a la inmersión.

Otro elemento especialmente atractivo es la enorme capacidad de personalización que ofrece el juego. Además de varios niveles de dificultad predeterminados, es posible modificar parámetros muy concretos relacionados con las probabilidades de impacto, la cantidad de puntos de vida, las recompensas obtenidas y otros muchos aspectos.

Este sistema permite adaptar la experiencia tanto a jugadores que buscan un desafío especialmente duro como a aquellos que prefieren una aventura más relajada y centrada en la experimentación.

A ello se suman las herramientas de creación incluidas por Crasleen Games. Veterum incorpora un editor de mapas y unidades que permite diseñar misiones propias y compartirlas con otros jugadores. La presencia de este tipo de herramientas siempre resulta especialmente bienvenida en juegos de estrategia, ya que multiplica enormemente su potencial a largo plazo y fomenta la creación de contenido por parte de la comunidad.

Por supuesto, el estado de acceso anticipado sigue siendo evidente en algunos aspectos. La ausencia de una campaña completamente desarrollada hace que el componente narrativo tenga un peso relativamente reducido y todavía existen áreas susceptibles de recibir más contenido y ajustes en el futuro. Pero precisamente ahí reside uno de los aspectos más prometedores de Veterum.

La base ya está construida y funciona sorprendentemente bien. Las mecánicas centrales son sólidas, el sistema de combate posee una profundidad notable y la combinación de exploración, gestión y estrategia consigue generar un bucle de juego tremendamente absorbente. Pese a encontrarse todavía en desarrollo, el proyecto transmite la sensación de tener una dirección muy clara y de saber exactamente qué tipo de experiencia quiere ofrecer.

Veterum quizá no pretenda reinventar el RPG táctico de fantasía oscura, pero sí consigue algo mucho más difícil: tomar conceptos conocidos y combinarlos de una forma que se siente fresca y llena de posibilidades. Su enorme riqueza sistémica, la libertad que ofrece al jugador y la capacidad de convertir cada batalla en un problema táctico diferente hacen que resulte especialmente fácil perder la noción del tiempo mientras se explora su mundo y se intenta construir el ejército definitivo.

Para quienes disfrutan de los juegos de estrategia exigentes, de las campañas emergentes y de las experiencias donde cada decisión tiene consecuencias reales, Veterum ya se perfila como uno de esos proyectos independientes que merece seguir muy de cerca durante su desarrollo. Su aventura todavía está lejos de completarse, pero incluso en su estado actual ya deja entrever el potencial de una propuesta que podría terminar convirtiéndose en una de las sorpresas más interesantes del género.

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