Hay algo especialmente difícil en recuperar el espíritu de los juegos de skate de principios de los 2000. No basta con poner a un personaje sobre una tabla, llenar un escenario de raíles y rampas y esperar que la nostalgia haga el resto. Aquella época tenía una filosofía muy concreta: aprender a dominar los controles, descubrir nuevas líneas, encadenar trucos cada vez más absurdos y, sobre todo, sentir que cada caída era responsabilidad nuestra. Skatesterre entiende bastante bien esa fórmula y apuesta directamente por ella, sin demasiadas complicaciones alrededor. Es un juego de skate arcade que quiere que hagamos una cosa por encima de todas las demás: patinar.
Desarrollado por Goon Squad y publicado por Headup, Skatesterre recupera una clase de videojuego que llevaba demasiado tiempo esperando una nueva oportunidad. En lugar de intentar convertir el skate en un simulador o construir una experiencia excesivamente realista, se inspira abiertamente en los grandes referentes arcade de comienzos de siglo para ofrecer controles accesibles, escenarios amplios, cientos de trucos y un sistema de combos que recompensa tanto la habilidad como la creatividad. Al frente de la tabla encontramos a Sterre Meijer, conocida como Surfsterre, una skater neerlandesa que se convierte en la protagonista de una aventura construida alrededor de la velocidad, las acrobacias y la búsqueda constante de la línea perfecta.
Y quizá esa sea precisamente la mejor manera de definir Skatesterre: un juego que no necesita inventar demasiadas cosas para resultar divertido. Su propuesta es sencilla, pero también es una de esas ideas que pueden convertirse en una auténtica obsesión cuando las mecánicas funcionan.

La primera sensación que transmite Skatesterre es de familiaridad. Si has pasado horas intentando superar tus propias puntuaciones en los clásicos juegos de skate arcade, probablemente no necesitarás demasiado tiempo para comprender qué pretende hacer aquí Goon Squad. Los controles están diseñados para que realizar trucos sea relativamente accesible desde el principio, pero dominar realmente el sistema requiere bastante más práctica.
Kickflips, grabs, manuals, grinds y toda clase de combinaciones forman parte del repertorio disponible, y el verdadero atractivo aparece cuando empezamos a enlazarlos. Un salto aislado tiene poco misterio. Un grind tampoco resulta especialmente espectacular. Pero cuando conseguimos saltar desde una rampa, aterrizar sobre un raíl, mantener el manual, saltar de nuevo, realizar otro truco y continuar la secuencia sin perder el equilibrio, la cosa cambia completamente. Es ahí donde Skatesterre encuentra su razón de ser.
El sistema de combos es, por tanto, el auténtico corazón de la experiencia. Los escenarios están construidos para que podamos buscar rutas alternativas y aprovechar distintos elementos del entorno. Una rampa puede servir para iniciar una secuencia, pero también podemos utilizar un muro, una barandilla o un desnivel aparentemente insignificante para continuarla. La gracia está en aprender a leer cada espacio y descubrir cómo convertirlo en una sucesión de oportunidades.
La dificultad está bien planteada porque el juego no exige dominarlo todo desde el primer momento. Podemos recorrer los escenarios de forma bastante sencilla mientras aprendemos los fundamentos, pero conforme aumentan nuestras aspiraciones también lo hace la exigencia. Conseguir completar una misión puede ser relativamente sencillo; conseguir una puntuación realmente alta es otra historia. Y ahí aparece esa clásica estructura de «fácil de aprender, difícil de dominar» que tantos buenos juegos arcade han utilizado.

Uno de los aspectos más satisfactorios de Skatesterre es que no parece querer decirnos constantemente cómo debemos jugar. Las misiones proporcionan objetivos concretos y sirven para estructurar nuestra progresión, pero el diseño de los escenarios deja suficiente margen para experimentar.
Esto es especialmente importante en un juego basado en combos. Si todos los niveles fueran simplemente una sucesión lineal de rampas y raíles colocados de manera obvia, el sistema de trucos perdería buena parte de su atractivo. Aquí, en cambio, hay espacio para buscar. Las rutas ocultas y las distintas posibilidades de cada entorno incentivan la exploración y hacen que repetir una zona no se sienta necesariamente como volver a hacer exactamente lo mismo.
La repetición, de hecho, forma parte natural de la experiencia. En Skatesterre no repetimos un nivel únicamente porque nos obligue a hacerlo, sino porque sabemos que podemos hacerlo mejor. Quizá hemos terminado una misión, pero nuestra puntuación es mediocre. Quizá hemos descubierto una línea mucho más interesante. Quizá hemos conseguido mantener un combo durante bastante tiempo, pero hemos cometido un error justo antes de conseguir una puntuación espectacular. Ese «una vez más» es fundamental para que un juego de estas características funcione.
La progresión basada en misiones y desbloqueables también ayuda a mantener ese ciclo. Completar objetivos permite obtener nuevas prendas y elementos de personalización para Sterre, lo que proporciona un incentivo adicional para seguir recorriendo los niveles. No es una revolución dentro del género, pero funciona porque está integrado en la actividad principal: patinar, superar desafíos y mejorar.
Conviene dejar claro desde el principio que Skatesterre no pretende competir con los juegos de skate más realistas. Su filosofía está mucho más cerca del arcade. Aquí importa más la sensación de velocidad, la espectacularidad de los combos y la capacidad para enlazar trucos que reproducir con absoluta fidelidad cada detalle de la disciplina.

Eso se nota especialmente en el ritmo. Una vez conocemos los controles, desplazarnos por los escenarios puede resultar tremendamente fluido. El juego quiere que pensemos menos en cada movimiento individual y más en cómo conectar uno con otro. Esa fluidez es probablemente uno de sus mayores aciertos, porque permite que una sesión pase rápidamente de «voy a completar esta misión» a «voy a intentar superar mi récord».
Por supuesto, esa misma orientación arcade puede ser una limitación para quienes busquen una experiencia más técnica o realista. Skatesterre no parece interesado en reproducir todos los matices del skateboarding profesional. Su objetivo es convertir el deporte en un parque de juegos donde experimentar, arriesgar y encadenar trucos cada vez más espectaculares.
Y personalmente creo que es una decisión acertada. En un género como este, intentar abarcar demasiado puede terminar perjudicando precisamente aquello que lo hace divertido. Skatesterre sabe cuál es su público y construye su propuesta alrededor de esa idea.
El diseño de niveles es otro de los elementos que más peso tiene en la experiencia. Las zonas están construidas con una clara intención de favorecer el movimiento continuo, colocando rampas, raíles, desniveles y espacios abiertos de manera que podamos buscar diferentes formas de atravesarlas.
La variedad visual ayuda a que el recorrido no se convierta en una sucesión de escenarios indistinguibles. Más allá de su función mecánica, los entornos funcionan como grandes parques de skate en los que siempre parece haber algún rincón que merece la pena investigar. El objetivo no es simplemente llegar de un punto A a un punto B, sino descubrir qué posibilidades ofrece cada espacio.

Eso también beneficia mucho a la rejugabilidad. Un buen escenario de skate debería permitir que el jugador construya una relación con él: saber dónde iniciar un combo, dónde existe una oportunidad para hacer un grind, dónde conviene guardar un manual o dónde podemos arriesgar un salto para multiplicar la puntuación. Skatesterre intenta conseguir precisamente eso.
La presencia de rutas ocultas refuerza todavía más esta sensación. Encontrarlas no solo sirve para completar el escenario al cien por cien, sino que también puede cambiar nuestra percepción del espacio. Una zona que inicialmente parecía tener una única ruta puede esconder otra mucho más interesante para conseguir una puntuación elevada.
Visualmente, Skatesterre apuesta por una estética colorida y directa que encaja con su espíritu arcade. No busca realismo fotográfico ni una representación extremadamente detallada del skate profesional. Todo está pensado para que la acción sea clara y para que los escenarios resulten reconocibles mientras nos movemos a toda velocidad.
La protagonista también cuenta con un sistema de personalización que permite modificar su aspecto mediante diferentes prendas y accesorios. Puede parecer un elemento secundario, pero en este tipo de juegos tiene una función importante: convertir al personaje en una extensión de nuestro propio estilo.
Porque el skate también tiene mucho de identidad. No solo importa qué trucos hacemos, sino cómo queremos que se vea nuestra skater mientras los realiza. Skatesterre entiende esa dimensión y utiliza los desbloqueables como una forma sencilla de hacer que la progresión tenga una recompensa visible.
Donde el juego consigue especialmente bien esa identidad es en el apartado sonoro. La banda sonora apuesta por el skate punk y el skate rock underground, dos estilos que parecen hechos a medida para acompañar una sesión de combos. La música contribuye a crear esa sensación de energía constante que necesita el género y ayuda a diferenciar la experiencia de un simulador más serio.

Quizá el mayor mérito de Skatesterre sea que entiende que la progresión más importante no está únicamente en los desbloqueables, sino en el propio jugador.
Al principio podemos conformarnos con completar las misiones y realizar unos cuantos trucos. Después empezamos a aprender qué combinaciones funcionan mejor. Más adelante descubrimos rutas que no habíamos visto y empezamos a pensar en términos de puntuación. Finalmente, llegamos al punto en el que ya no estamos jugando para completar una misión, sino para conseguir la ejecución perfecta. Ese proceso es exactamente lo que debería ofrecer un buen juego de skate arcade.
También ayuda que el control sea suficientemente accesible como para que experimentar no resulte frustrante desde el primer minuto. La profundidad aparece progresivamente y permite que quien quiera quedarse en la superficie pueda disfrutar de la experiencia, mientras que los jugadores más competitivos tienen espacio para perfeccionar sus técnicas.
No todo resulta igualmente sorprendente. La fórmula de progresión, las misiones y los desbloqueables son conceptos bastante conocidos y el juego no siempre consigue aportar una innovación radical al género. Tampoco pretende hacerlo. En algunos momentos puede sentirse como una celebración de ideas que ya hemos visto antes, más que como una reinvención del skate arcade.
Pero precisamente ahí está parte de su encanto. Skatesterre no necesita demostrar que es el juego de skate más revolucionario de todos los tiempos. Necesita demostrar que volver a coger una tabla y recorrer un parque intentando superar nuestra propia puntuación sigue siendo divertido.

Skatesterre es una declaración de intenciones bastante clara: el skate arcade sigue teniendo sitio. En lugar de apostar por el realismo o intentar transformar la disciplina en algo completamente diferente, Goon Squad recupera una fórmula conocida y la adapta a una nueva generación con una protagonista carismática, escenarios diseñados para la experimentación, una enorme cantidad de trucos y un sistema de combos que constituye el auténtico motor de la experiencia.
Su mayor virtud está en cómo convierte la mejora personal en su principal recompensa. Completar una misión puede llevar unos minutos, pero aprender a dominar realmente un escenario puede mantenernos ocupados durante mucho más tiempo. Siempre existe una puntuación mejor, un combo más largo o una línea que todavía no hemos encontrado.
Además, el apartado musical y la personalización ayudan a construir una identidad propia alrededor de Sterre, mientras que el diseño de los niveles mantiene el foco en lo realmente importante: velocidad, fluidez y creatividad.
No estamos ante una revolución del género. Y probablemente tampoco pretende serlo. Skatesterre es, ante todo, un homenaje jugable a una época en la que los videojuegos de skate podían convertirse en auténticos pozos de horas gracias a una premisa extremadamente sencilla: coger una tabla, encontrar un buen sitio y tratar de hacerlo mejor que la última vez.
Si echabas de menos los juegos de skate arcade y buscas una experiencia centrada en los combos, los trucos y la persecución constante de la puntuación perfecta, Skatesterre tiene suficientes argumentos para hacerte volver a coger la tabla una y otra vez. Puede que no reinvente el género, pero entiende perfectamente por qué funcionaba en primer lugar. Y, a veces, recordar cómo hacer algo bien es mucho más importante que intentar reinventarlo.

