Análisis de Dead Format

Dead Format emerge en 2025 como una propuesta independiente que mezcla terror psicológico, nostalgia por los formatos analógicos y estética cinematográfica para ofrecer una experiencia de survival horror distinta a lo habitual, desarrollada por Katanalevy y publicada por Oro Interactive. Estrenado en Steam el 10 de diciembre de 2025, este juego sitúa su narrativa en una Escocia ficticia de los años 90, donde lo cotidiano se distorsiona a través del prisma de las viejas cintas de video VHS y la obsesión por un formato maldito que amenaza con devorar la realidad misma. En un momento donde el género de terror intenta constantemente innovar, Dead Format apuesta por un enfoque experimental, jugando con la nostalgia del VHS y la estética del cine de terror clásico para explorar cómo los medios audiovisuales pueden volverse portales a pesadillas tangibles.

Este contexto es clave para entender la intención creativa detrás del título: no se presenta como una simple réplica de fórmulas de terror conocidas, sino como una reinterpretación de estas a través de capas de medios mixtos, donde el gameplay y la narrativa audiovisual se entrelazan. Al colocar al jugador en un entorno familiar pero corrupto —una ciudad de los años 90, un apartamento propio, un televisor de tubo— el juego no solo busca provocar miedo mediante enemigos o escenarios tenebrosos, sino también generar una sensación de extrañamiento y malestar continuo. Esa ambición por conjugar mecánicas de supervivencia, exploración y comentario sobre los medios hace que Dead Format sea tanto un juego de horror como una meditación sobre cómo consumimos y recordamos imágenes perturbadoras del pasado.

La narrativa de Dead Format se construye en torno a una premisa inquietante y sugerente: tu hermano ha desaparecido después de obsesionarse con un misterioso formato de VHS conocido como “Video Ghastlies”, del que se rumorea que el gobierno quiere prohibirlo debido a sus efectos perturbadores sobre quienes lo ven. Esta premisa narrativa funciona como hook inmediato: nos sitúa no solo en una búsqueda personal y emocional —la desaparición de un familiar—, sino también en una búsqueda investigativa que tiene resonancias de conspiración social y cultural.

Ambientado en el contexto de Escocia de los años 90, el juego evoca de forma explícita el pánico moral y las tensiones culturales que realmente existieron alrededor de los llamados “video nasties” —películas de terror prohibidas durante los años 80 y 90 por considerarse demasiado explícitas o peligrosas—, aunque Dead Format transforma esta historia real en una metáfora sobrenatural donde el medio mismo deviene amenaza.

La narrativa se desarrolla de forma fragmentada: el apartamento del protagonista funciona como hub narrativo, donde se revisan pistas, se organizan objetos importantes y se preparan futuras incursiones en los mundos contenidos en los VHS. Insertar una cinta en el televisor no solo te transporta a un entorno nuevo, sino que actúa como un salto narrativo que rompe con la linealidad tradicional para sumergirte en una realidad cinematográfica reimaginada. Cada cassette, inspirado por una era o subgénero diferente del cine de horror —desde el cine mudo hasta el giallo italiano o el body horror de los años 80— presenta su propio tono narrativo, enemigos, atmósfera y forma de contar historias.

Este diseño narrativo no es lineal ni completamente explícito. Se apoya en la narrativa ambiental y en la interpretación del jugador: los trozos de VHS recuperados, las notas, los objetos y la manera en que estos se conectan con escenas de video grabadas específicamente para el juego funcionan como piezas de un rompecabezas mayor. La desaparición del hermano se convierte en la excusa para explorar temas más amplios sobre la memoria, el miedo, la representación mediática del horror y cómo estos medios pueden influir en nuestras emociones y en nuestro estado mental. Aunque algunos jugadores pueden encontrar que esta forma de narrar, fragmentaria y dependiente de la exploración, puede ser menos directa que una narrativa tradicional con personajes y diálogos extensos, es esta misma fragmentación la que dota al juego de un tono inquietante e impredecible, alineado con las convenciones del horror psicológico.

La jugabilidad de Dead Format se sitúa en la intersección del survival horror clásico y la exploración narrativa, con un enfoque que combina elementos de gestión de recursos, combate, resolución de puzles y exploración de mundos temáticos. El juego alterna entre dos espacios fundamentales: el refugio seguro del apartamento del protagonista y los diferentes mundos extraídos de las cintas VHS. Esta alternancia crea una tensión constante entre la sensación de seguridad relativa —el apartamento donde puedes guardar progreso y organizar tus recursos— y el terror que acecha en cada cinta reproducida.

Dentro de cada mundo contenido en una cinta, el jugador debe buscar suministros, administrar recursos limitados y resolver rompecabezas que desbloquean nuevas áreas o herramientas. La supervivencia no se trata únicamente de enfrentar enemigos con armas, sino de gestionar cuidadosamente cuánto y cuándo aprovechar cada recurso, ya sea un botiquín, munición o un objeto clave para resolver un acertijo. El combate, aunque presente, nunca está diseñado para ser tan dominante como la exploración o la resolución de problemas: los enfrentamientos con criaturas y entidades grotescas emergen en momentos específicos para reforzar la atmósfera de peligro, y suelen depender de tu habilidad para esquivar, defenderte y conservar recursos.

Una de las mecánicas más distintivas es la forma en que las cintas VHS actúan como portales narrativos y de jugabilidad. Cada cinta no es solo un nivel más en el juego; es un mundo temático completo con sus propias reglas, estilo visual y ritmo. Estos entornos están inspirados por géneros cinematográficos concretos —por ejemplo, el horror silente de la era muda, el giallo estilizado o los miedos corporales ochenteros— y no solo provocan miedo mediante enemigos o atmósferas, sino también por cómo transforman las reglas de jugabilidad: algunos mundos pueden tener iluminación y sonidos que afectan la percepción del jugador, otros pueden enfatizar la exploración más que el combate, mientras que otros aún combinan ambas facetas con una intensidad mayor.

El uso del apartamento como único lugar donde se puede guardar partida introduce un contraste marcado entre la vulnerabilidad del exterior y la relativa seguridad del interior. Esto obliga al jugador a planificar sus incursiones, recordar la ubicación de enemigos, reconocer rutas seguras y gestionar su inventario con cuidado. Los puzles se articulan tanto dentro de los mundos VHS como a través de pistas encontradas en el apartamento, reforzando la sensación de que este es una especie de centro nervioso narrativo donde los fragmentos de historia y mecánicas convergen para permitir progresar.

Desde un punto de vista crítico, esta estructura ofrece un ritmo que equilibra tensión y alivio narrativo: la humanidad del protagonista, expresada a través de notas, objetos familiares o recuerdos en video, contrasta con la brutalidad y lo surrealista de los mundos de las cintas, creando un vaivén emocional que fortalece la experiencia de horror. Sin embargo, también implica un desafío significativo para el desarrollo de ritmo y continuidad: las transiciones entre atmósferas muy diferentes pueden resultar abruptas o incluso generar una sensación de fragmentación narrativa si no se dosifican con cuidado.

El apartado gráfico de Dead Format mezcla elementos de diseño 3D contemporáneo con materiales de video analógico reciclados y manipulados digitalmente para emular el aspecto de las cintas VHS antiguas. El uso de metraje grabado y editado específicamente para el juego —grabaciones de vestuario, props y escenas que imitan épocas cinematográficas diferentes— crea una sensación de autenticidad visual inusual en videojuegos de horror. Esta técnica de media mixta no solo fortalece la ambientación, sino que además contribuye a la puesta en escena: cada mundo dentro de una cinta tiene su propio estilo visual, textura de imagen y paleta de colores que evocan la época y género cinematográfico que está emulando.

Los entornos inspirados en el cine silente pueden presentar atmósferas en blanco y negro con efectos de degradación visual típicos de las películas antiguas, mientras que los niveles que homenajean al body horror ochentero pueden jugar con fluorescencias saturadas y distorsión de imagen para provocar inquietud visual. Este uso estilístico de los gráficos es una de las principales fortalezas del juego, ya que convierte la estética en un elemento narrativo y de tensión más que en una simple capa decorativa. Estas técnicas funcionan mejor cuando el hardware utiliza efectos de VHS, distorsión, ruido de imagen y aberraciones cromáticas para reforzar la sensación de que lo que estás viendo podría pertenecer a un medio olvidado y peligroso.

Sin embargo, desde una perspectiva crítica, esta misma apuesta puede resultar divisiva. Jugadores acostumbrados a horror con gráficos hiperrealistas o altamente detallados pueden encontrar que las texturas o el estilo visual no cumplen con las expectativas técnicas modernas fuera de los segmentos simulados de VHS. La incoherencia visual deliberada —mezclar calidad de imagen digital con degradación analógica— puede generar tanto fascinación como frustración, dependiendo de qué tan abierto esté cada jugador a una estética que no prioriza la fidelidad técnica sino la evocación temática.

El diseño sonoro de Dead Format complementa con eficacia el enfoque visual y narrativo del juego. La banda sonora y los efectos ambientales se aprovechan para reforzar la inmersión en cada una de las atmósferas cinematográficas que se exploran. El uso del sonido retro —como el ruido de un casete VHS rebobinando, crujidos de cinta o distorsiones típicas de medios analógicos— funciona tanto como elemento atmosférico como mecánica que puede afectar la percepción del jugador.

La mezcla de audio no busca sólo provocar sobresaltos mediante ruidos repentinos, sino crear una sensación de inquietud constante: pasos lejanos que parecen estar justo detrás de ti, sonidos de interferencia que se mezclan con la música ambiental y voces mezcladas con ruido de fondo que parecen surgir de grabaciones antiguas amplifican la sensación de que algo acecha justo fuera de tu campo de visión. Esta aproximación al sonido funciona especialmente bien en conjunto con la estética del VHS, donde la degradación visual suele ir acompañada por distorsiones sonoras o silencios inquietantes para reforzar la tensión.

Dead Format es una de esas propuestas de survival horror que no se conforma con reciclar fórmulas ya establecidas: toma elementos clásicos del género —gestión de recursos, combate tenso, exploración de entornos hostiles— y los combina con una ambiciosa estética narrativa inspirada en el cine y la memoria cultural de los medios analógicos. Su premisa —la búsqueda de un hermano desaparecido tras obsesionarse con un formato VHS maldito— funciona tanto como motor de exploración como comentario temático sobre el miedo a lo desconocido en los medios y cómo estos influyen en nuestra percepción del horror.

La jugabilidad alterna con eficacia momentos de acción, resolución de puzles y narrativa ambiental, obligando al jugador a gestionar su inventario, descifrar pistas y enfrentarse a enemigos en escenarios que se sienten únicos y distintos en cada cinta VHS. La estructura episódica provoca una diversidad tonal que mantiene la experiencia fresca aunque también puede fragmentar el ritmo.

Visual y sónicamente, Dead Format utiliza la nostalgia por los medios analógicos para generar una atmósfera que pocos juegos de terror abordan con tanta intención y personalidad, aunque esto puede chocar con expectativas de fidelidad técnica moderna fuera de los segmentos simulados de VHS.

En definitiva, este título se presenta como una experiencia valiosa para quienes buscan algo más que sustos previsibles: un juego que reconoce sus influencias cinematográficas y las integra de forma orgánica en su diseño, invitando al jugador a cuestionar no sólo qué hay detrás de cada cinta maldita, sino cómo los medios que consumimos impregnan nuestra propia memoria y miedo.