The Last Ninja Collection + Bonus Games es una antología que aterrizó en Steam el 18 de diciembre de 2025, celebrando y preservando algunos de los títulos más influyentes de la era informática de 8 y 16 bits. Desarrollado y publicado por System 3 Software, esta colección no es simplemente una recopilación de juegos antiguos; es un homenaje a la época dorada del retro gaming, un puente entre generaciones de jugadores y una pieza de preservación histórica que permite revivir clásicos de plataformas como Commodore 64, Amiga y ZX Spectrum en hardware moderno. El lanzamiento presentaba siete títulos icónicos de la propia System 3, incluyendo la trilogía original de The Last Ninja junto a juegos adicionales que ampliaban la experiencia y mostraban la diversidad de propuestas de la compañía en los años 80 y 90.
La colección se posiciona como un documento vivo de cómo era el diseño de videojuegos antes de las 3D complejas: entornos isométricos, puzzles, combates y estética pixelada que hoy en día sirve de referencia para entender la evolución del medio. Más que nostalgia, lo que ofrece es contexto: no sólo se reúnen los títulos principales de una saga legendaria, sino también otros juegos que fueron hitos en sus respectivos géneros, como International Karate e IK+, que aportan perspectiva sobre cómo se jugaba y se competía antes de que los estándares modernos se fijaran en la década de 2000.
El impacto histórico de esta colección es notable. La serie Last Ninja vendió más de 23 millones de copias en su época y definió un estilo de juego que mezclaba acción, exploración y puzles en entornos isométricos con una cohesión poco habitual para la tecnología de entonces. Convertir estos títulos en algo jugable en sistemas actuales, con soporte de mando, opciones de pantalla partida y controles actualizados, permite apreciar cuánto evolucionó el medio y, al mismo tiempo, cuánto de lo fundamental de los videojuegos sigue intacto desde entonces.

Abordar la historia de The Last Ninja Collection + Bonus Games con un enfoque narrativo tradicional sería perderse en el espectro de lo que este producto representa: no es una única historia, ni siquiera un arco continuo, sino una compilación de narrativas y conceptos que abarcan varios juegos de épocas distintas. La columna vertebral es la saga Last Ninja, cuyo protagonista, Armakuni, encarna la figura clásica del ninja en un mundo que mezcla exotismo oriental y escenarios urbanos modernos. Cada entrega de la trilogía sigue la progresión de Armakuni en diferentes misiones de combate, exploración y enfrentamiento con enemigos, buscando vencer al malvado Shogun Kunitoki y completar una misión de honor ancestral.
The Last Ninja original (1987) ya era una obra pionera por su tiempo, no sólo por su mezcla de exploración en mapas isométricos y acción intensa, sino también por cómo integraba la música ambiental y los puzles dentro de un mundo coherente. Los niveles se sentían como islas de desafío con un diseño pensado para fomentar la curiosidad y la solución de problemas, más allá de pulsar botones. Su éxito crítico y comercial le valió múltiples premios de la época y se convirtió en un estándar para otros desarrolladores.
En Last Ninja 2 (1988), la fórmula se amplía hacia territorios más modernos y variados, con Armakuni transportado a una versión pixelada de la ciudad de Nueva York, donde el contraste entre lo oriental y lo urbano se convierte en tema visual y mecánico. El combate y los puzles se refinan, y los entornos muestran una ambición técnica mayor, con más enemigos simultáneos y mayor densidad de estímulos para el jugador.

Last Ninja 3 (1991) representa la culminación del estilo: gráficos más detallados, ambientes más ricos y desafíos que reflejan la evolución del hardware y las expectativas de los jugadores. La narrativa, aunque no profunda en términos literarios, se expresa a través de la progresión de niveles y la cohesión temática de cada zona, lo que dota de sentido al viaje de Armakuni hacia el enfrentamiento final.
Ninja Remix se incluye como una versión alternativa del original con mejoras gráficas y sonoras que hicieron las delicias de los jugadores de 16 bits, aportando variedad en comparación con los originales estrictamente emulados.
Los títulos “bonus” expanden el enfoque narrativo del conjunto con experiencias ligadas al combate cuerpo a cuerpo pero desde perspectivas diferentes: International Karate (1985) y su secuela IK+ (1987) se centran en enfrentamientos directos de artes marciales, con mecánicas de puntuación que enfatizan tiempos de reacción y fluidez de control, mientras que Bangkok Knights introduce una temática de boxeo muay thai que influenció incluso juegos de lucha posteriores.
No hay guiones largos ni personajes complejos en estos títulos, pero la colección une una tradición de diseño que, en su conjunto, explica los fundamentos de la acción y la lucha en videojuegos. La historia, por tanto, es la historia del medio: cómo las limitaciones técnicas de máquinas como el C64 se convirtieron en creatividad de diseño que luego inspiró generaciones enteras de desarrolladores.

La jugabilidad de esta colección se basa en los sistemas originales de los juegos incluidos, pero adaptada a la era moderna mediante emulación fiel y opciones de control contemporáneo. En los títulos de The Last Ninja, la perspectiva isométrica obliga al jugador a pensar en profundidad espacial: moverse no es solo avanzar o retroceder, sino posicionarse, gestionar las esquinas y anticipar enemigos en escenarios que a menudo funcionan tanto como laberintos como arenas de combate. Esta mezcla de exploración y acción recuerda a lo que más tarde se desarrollaría en juegos de aventuras más complejos, pero aquí está condensada en formato retro puro.
El combate en todos los Last Ninja es deliberado y desafiante: no basta con aporrear un botón. Los enemigos tienen patrones que obligan a reaccionar con precisión, y la gestión del espacio es crucial para sobrevivir. Hay puzles y obstáculos que requieren pensamiento lateral, y la progresión tiende a ser exigente sin resultar arbitraria.
Los juegos de lucha incluidos, como International Karate e IK+, añaden variedad al paquete. Estos títulos funcionan con mecánicas más centradas en reflexos y timing que en exploración, ofreciendo combates uno contra uno que requieren leer al oponente y responder con movimientos adecuados. IK+, en particular, fue pionero en introducir modos de tres jugadores y mecánicas que influenciaron géneros posteriores.

Bangkok Knights aporta una experiencia más orientada a secuencias de golpes en progresión de dificultad, evocando el camino del luchador que avanza hacia un objetivo mayor. Su inclusión en la colección no solo añade horas de juego, sino que contextualiza cómo diferentes escuelas de combate fueron exploradas por System 3 durante los 80.
En cuanto a la adaptación a sistemas modernos, la colección ofrece soporte para juego con mando, teclado y pantalla partida, algo impresionante considerando que algunos de estos juegos ni siquiera tenían opciones multijugador en sus versiones originales. Esto transforma la experiencia; por ejemplo, en IK+ el combate puede disfrutarse en cooperativo local, reforzando la sensación comunitaria que caracterizó muchas sesiones de juego en los 80 y 90.
Aunque los juegos son fieles a sus orígenes, algunos elementos modernos como la posibilidad de guardar partida, compatibilidad con hardware actual y ajustes de resolución hacen que la experiencia de juego sea significativamente más cómoda que en sus iteraciones originales. La colección equilibra nostalgia y accesibilidad, permitiendo que tanto veteranos como nuevos jugadores descubran estas obras sin frustraciones innecesarias.

Visualmente, The Last Ninja Collection + Bonus Games no intenta reinventar nada. Todo lo contrario: presenta los gráficos originales con una fidelidad que respeta los límites de la época. Los sprites, fondos y paletas de color están preservados cuidadosamente, y las versiones de Amiga y Spectrum se ofrecen junto a las de Commodore 64 cuando están disponibles, permitiendo comparar cómo cada plataforma abordó estos títulos técnicos en su momento.
Esta fidelidad implica que el apartado visual se siente “retro” en todos los sentidos: resolución baja, animaciones sencillas, pero un diseño artístico lleno de carácter. Las limitaciones técnicas de entonces se convierten en virtudes estéticas ahora: cada píxel y cada color están cuidadosamente elegidos para comunicar información jugable clara, lo que es un recordatorio de cómo la claridad visual era prioritaria cuando cada byte contaba.
No hay efectos de iluminación modernos, ni texturas complejas, ni animaciones fluidas a 60 fps constantes como en los juegos contemporáneos. Sin embargo, la sensación de autenticidad —ver Last Ninja con su música de fondo, sonidos y visuales exactos a los originales— es parte de la magia. La colección no solo preserva código; preserva formas de expresión visual que hoy se experimentan como arte retro.

El apartado sonoro es un viaje a través del tiempo. La música original de The Last Ninja y sus secuelas, memorable en su día por aprovechar al máximo las capacidades de sonido de máquinas como el C64 y el Amiga, conserva su atmósfera en esta colección. Los temas son evocadores, repetitivos en el sentido nostálgico y funcionales en términos de refuerzo de la tensión o exploración de cada nivel.
En los juegos de lucha como International Karate e IK+, los efectos de golpe, los timbres de victoria y el ritmo de los combates se mantienen íntegros, permitiendo sentir cómo estos títulos ayudaron a formar las bases del sonido en juegos de este género. La fidelidad de audio no busca modernizar; busca preservar, y en ese sentido lo logra con creces.

The Last Ninja Collection + Bonus Games es más que un recopilatorio de títulos retro; es una pieza de preservación cultural, un recordatorio de cuánto ha evolucionado y cuántos fundamentos actuales nacieron en los años 80 y 90. Su valor no se mide solo en nostalgia, sino en entender los cimientos de géneros enteros: acción aventura, combate isométrico, puzles en perspectiva y juegos de lucha primitivos pero influyentes.
Para los veteranos, la colección ofrece la oportunidad de revivir juegos que marcaron generaciones y de experimentar versiones auténticas con soporte moderno. Para los recién llegados, sirve como una lección de historia interactiva que hace tangible cómo era jugar cuando cada mecánica tenía que caber en pocos kilobytes de memoria.
Visual y sonoramente fiel a sus raíces, con jugabilidad que sigue funcionando pese a las décadas transcurridas, esta colección consolida el legado de System 3 y demuestra que el diseño de videojuegos tiene valor no sólo por innovación eterna, sino también por resistencia a la prueba del tiempo.
En definitiva, The Last Ninja Collection + Bonus Games es una obra destinada tanto a preservar como a enseñar, un título imprescindible para aficionados al retro gaming y un documento imprescindible para quien quiera entender cómo se forjaron muchos de los pilares del videojuego moderno.

