Therapy Simulator se presenta como uno de esos proyectos que, desde su propio título, obligan a afinar la mirada crítica. No es un juego que busque pasar desapercibido ni refugiarse en la ambigüedad: propone al jugador ponerse en la piel de un terapeuta y enfrentarse, a través de sistemas interactivos, a la complejidad de la mente humana. En un mercado saturado de simuladores que reducen su propuesta a la caricatura o al chiste fácil, aquí la ambición es otra. El juego intenta explorar el peso de la escucha, la interpretación y la toma de decisiones emocionales, apoyándose en una estructura que mezcla simulación, narrativa y gestión del tiempo. La pregunta clave no es tanto si consigue representar fielmente la terapia, algo prácticamente imposible en un entorno lúdico, sino si logra convertir ese proceso en una experiencia jugable coherente y significativa.
Desde el primer contacto, Therapy Simulator deja claro que no pretende ser un título espectacular ni frenético. Su ritmo es deliberadamente pausado, casi introspectivo, y eso marca toda la experiencia. El jugador se enfrenta a un espacio de trabajo cotidiano, con sesiones que se suceden día tras día y una progresión que no depende de grandes giros argumentales, sino de la acumulación de pequeños momentos. En este sentido, el juego se alinea con una corriente de obras que buscan dignificar lo cotidiano y convertirlo en materia jugable, confiando en que el interés surja de la empatía y la reflexión más que de la acción.

La historia de Therapy Simulator no se articula como un relato tradicional con un inicio, nudo y desenlace claramente delimitados. Más bien, se construye a partir de fragmentos: historias personales de los pacientes, reflexiones internas del protagonista y eventos secundarios que van dando forma a un contexto más amplio. Cada paciente llega con su propio bagaje emocional, y el juego se toma su tiempo para presentarlo sin prisas, permitiendo que el jugador descubra capas de información a lo largo de varias sesiones. Esta estructura fragmentada refuerza la sensación de realismo, ya que pocas veces se obtiene una visión completa de una persona en un único encuentro.
El tono narrativo es contenido y respetuoso, evitando el sensacionalismo incluso cuando aborda temas delicados. Hay una clara intención de tratar los conflictos emocionales con cierta seriedad, aunque esto a veces juegue en contra del impacto dramático. Algunos arcos narrativos resultan más memorables que otros, y no todos los personajes secundarios tienen el mismo nivel de profundidad. Aun así, el conjunto funciona como un mosaico de experiencias humanas que, sin ser especialmente original en sus planteamientos, consigue transmitir una sensación de autenticidad y coherencia.

La jugabilidad es, sin duda, el eje central sobre el que se sostiene toda la propuesta. Therapy Simulator se articula en torno a las sesiones de terapia, donde el jugador debe escuchar, interpretar y responder a los pacientes a través de distintas opciones de diálogo y acciones contextuales. Estas decisiones no se limitan a elegir una frase concreta, sino que influyen en variables internas como la confianza del paciente, su nivel de apertura o su progreso emocional. El juego no siempre deja claras las consecuencias inmediatas de cada elección, apostando por un sistema de efectos a medio y largo plazo que refuerza la idea de responsabilidad profesional.
Además de las sesiones, el jugador debe gestionar su propio tiempo y estado mental. Preparar las consultas, revisar notas, formarse en nuevas técnicas y cuidar del bienestar personal del terapeuta forman parte del bucle jugable. Esta capa de gestión añade profundidad al conjunto y evita que la experiencia se limite a una sucesión de diálogos. Sin embargo, también introduce cierta repetitividad, especialmente en las fases intermedias del juego, donde las tareas pueden volverse mecánicas y previsibles.
Uno de los aspectos más interesantes de la jugabilidad es cómo el juego aborda el error. No existe una única respuesta correcta para cada situación, y muchas decisiones se mueven en zonas grises. A veces, una elección bienintencionada puede tener efectos negativos, y viceversa. Esta ambigüedad es uno de los mayores aciertos de Therapy Simulator, ya que obliga al jugador a reflexionar y aceptar la incertidumbre como parte del proceso. No obstante, el sistema no siempre comunica con claridad por qué se producen ciertos resultados, lo que puede generar frustración en algunos momentos.
El ritmo general del juego es lento y exige paciencia. No es un título pensado para sesiones cortas y rápidas, sino para ser disfrutado con calma. Esto puede resultar alienante para jugadores que busquen una experiencia más dinámica, pero encaja bien con la temática y el tono que propone. Aun así, habría sido deseable una mayor variedad de situaciones jugables o mecánicas que ayudaran a romper la monotonía sin traicionar la esencia del juego.

En el apartado gráfico, Therapy Simulator opta por un estilo sobrio y funcional. Los escenarios son realistas y reconocibles, con consultas, despachos y espacios cotidianos representados con un nivel de detalle correcto, aunque sin alardes técnicos. La paleta de colores tiende a los tonos suaves y neutros, reforzando la atmósfera calmada y reflexiva que define al juego. No se trata de un apartado visual que busque impresionar, sino de acompañar y no distraer.
Los modelos de los personajes cumplen su función, aunque resultan algo rígidos en sus animaciones. Las expresiones faciales, un elemento clave en un juego centrado en la comunicación, son limitadas y no siempre consiguen transmitir la complejidad emocional que el guion sugiere. En este sentido, el apartado visual se queda a medio camino entre la intención y el resultado, ofreciendo una base sólida pero poco inspirada. Aun así, la coherencia estética ayuda a mantener la inmersión y evita disonancias que podrían romper la experiencia.

El sonido juega un papel fundamental en Therapy Simulator, y aquí el juego muestra tanto aciertos como carencias. La banda sonora es minimalista y discreta, compuesta por piezas suaves que acompañan las sesiones sin imponerse. Este enfoque resulta acertado, ya que refuerza la sensación de intimidad y concentración, aunque la falta de variedad musical puede hacer que algunas pistas se vuelvan repetitivas tras muchas horas de juego.
Los efectos de sonido son escasos pero efectivos, centrados en pequeños detalles cotidianos que ayudan a dar vida a los espacios. El elemento más importante, sin embargo, es el doblaje. Therapy Simulator apuesta por una interpretación contenida, sin grandes exageraciones, lo que encaja con el tono general. No todos los actores ofrecen el mismo nivel de calidad, y algunas líneas suenan algo artificiales, pero en conjunto el doblaje cumple y contribuye a la credibilidad de los personajes. La localización al español mantiene un nivel correcto, con un lenguaje natural y adecuado al contexto, aunque se detectan algunos giros que podrían haberse pulido.
La experiencia sonora, en general, refuerza la atmósfera introspectiva del juego, aunque se echa en falta un mayor uso del sonido como herramienta narrativa. Momentos clave de la historia podrían haber ganado impacto con una dirección sonora más arriesgada o dinámica, algo que el juego rara vez se permite.

En conjunto, Therapy Simulator es una propuesta valiente que se atreve a explorar un terreno poco habitual en el medio. No es un juego para todo el mundo, ni pretende serlo. Su ritmo lento, su enfoque reflexivo y su jugabilidad basada en la ambigüedad emocional pueden resultar exigentes, pero también ofrecen una experiencia distinta y, en muchos momentos, estimulante. La historia, construida a partir de pequeñas historias humanas, logra generar interés y empatía, aunque no siempre alcanza la profundidad que su premisa sugiere.
La jugabilidad destaca por su coherencia temática y por un sistema de decisiones que evita respuestas fáciles, aunque peca de cierta repetitividad y falta de claridad en algunos de sus sistemas. El apartado gráfico cumple sin brillar, apoyando la atmósfera sin convertirse en un reclamo por sí mismo, mientras que el sonido acompaña con discreción y efectividad, aunque sin grandes momentos memorables.
Therapy Simulator no es una obra redonda ni definitiva, pero sí un ejemplo de cómo el videojuego puede abordar temas complejos desde una perspectiva respetuosa y reflexiva. Es un título que invita a la paciencia, a la escucha y a la duda, valores poco habituales en un medio acostumbrado a la inmediatez. Su mayor virtud es, quizá, atreverse a plantear preguntas sin ofrecer respuestas claras, recordando que, tanto en la terapia como en la vida, los procesos importan más que los resultados.

