Bloodshed es un juego de acción en primera persona que combina elementos roguelite con estética retro, desarrollado por el estudio com8com1 Software y publicado por Headup. Fue lanzado oficialmente el 22 de mayo de 2025, tras un periodo de acceso anticipado que comenzó en diciembre de 2024. Su propuesta se inspira en shooters de oleadas con un enfoque arcade, añadiendo progresión persistente entre partidas, múltiples héroes con habilidades diferenciadas y un arsenal amplio de armas.
El estudio apuesta por una fórmula que mezcla nostalgia por los boomer shooters clásicos con la estructura moderna de “morir, mejorar, volver a intentarlo”, buscando captar tanto a los jugadores que recuerdan los FPS tradicionales como a quienes disfrutan de la rejugabilidad propia del género roguelite. Esta ambición coloca a Bloodshed en un terreno interesante dentro del mercado indie: en un entorno saturado, su reto radica en que esa combinación de lo clásico y lo moderno resulte sólida y no meramente decorativa.

La historia de Bloodshed se centra en una amenaza cultista que intenta resucitar una deidad antigua para provocar el apocalipsis. En medio de esta conspiración, el jugador asume el papel de distintos héroes que deben enfrentarse a hordas de enemigos, demonios y miembros del culto para evitar que su plan se consume. Aunque el enfoque argumental no es el pilar principal del juego, su ambientación le da contexto: la persistencia del mal, la batalla contra legiones y la progresión heroica funcionan como telón de fondo para la acción frenética.
Desde un punto de vista crítico, el guion cumple su función básica de motivar la acción pero no aspira a ser memorable por su narración o profundidad de personajes. Los héroes disponibles cuentan con habilidades distintas y estilos diferenciados, lo que aporta variedad jugable, pero el desarrollo del trasfondo individual es limitado. En ese sentido, la historia de Bloodshed es adecuada para un shooter de oleadas: suficiente para dar contexto, pero sin los arcos emocionales o la construcción de personajes que encontraríamos en otros géneros más narrativos. Esto no es necesariamente un defecto si se asume la prioridad del diseño, aunque reduce la sensación de inmersión para quien busque más que simplemente disparos y mejoras.

La jugabilidad de Bloodshed es su gran apuesta y el ámbito donde más acierto, y también mayor margen de mejora, se detecta. El sistema está diseñado alrededor de oleadas de enemigos que se suceden sin descanso, combinando la velocidad del combate tipo “survivors-like” con la mecánica roguelite de mejora permanente. El jugador debe avanzar por distintos biomas, enfrentarse a multitud de esbirros cultistas, zombis o demonios, recoger experiencia, mejoras y dinero para desbloquear nuevas armas y habilidades que perdurarán entre partidas. Esta progresión persistente permite que la sensación de avance se mantenga aun cuando la muerte es inevitable.
Además, el juego ofrece una selección de héroes con habilidades únicas, lo cual refuerza la rejugabilidad: cada partida puede afrontarse con un enfoque distinto, explorar combinaciones de armas, aprovechar mejoras desbloqueadas y adaptar la estrategia al bioma o al jefe que se presente. A esto se añade un arsenal diverso y sistema de mejoras que incluyen habilidades pasivas, armas especiales, modos de disparo automático o manual, y diseño de enemigos con patrones propios que requieren respuesta táctica. La variedad y la velocidad del combate son, sin duda, puntos fuertes: la fluidez del movimiento, la contundencia de los efectos de disparo y la escalada de dificultad están bien planteadas para generar tensión, disfrute y un deseo de superación.
No obstante, al analizar críticamente, emergen algunos aspectos que frenan el pleno éxito de la jugabilidad. Aunque la progresión persistente añade profundidad, la repetición de niveles o biomas puede volverse notable con el tiempo: el número de entornos distintos y la variedad de dinámicas en las oleadas no siempre alcanzan la amplitud que el planteamiento sugiere. Algunos jefes o enemigos con patrones únicos elevan el interés, pero entre ellos la mayoría de enfrentamientos se sostienen en la intensidad más que en la innovación táctica. Asimismo, la curva de aprendizaje es relativamente suave y la explotación de builds puede estancarse: una vez se domina un estilo, la meta puede diluirse, al no haber una diversificación de sistemas más profunda.
En resumen, la jugabilidad de Bloodshed es divertida, accesible, muy adecuada para quienes buscan acción frenética con progresión real, y lo hace sin complejidades innecesarias. Pero para aquellos que aspiren a una experiencia de shooter roguelite con múltiples ramas de especialización, sistemas interconectados de habilidad-arma y una variación cada vez más elevada con el avance, puede quedarse algo corta. Aun así, para lo que se propone, lo cumple bastante bien.

Visualmente, Bloodshed adopta una estética retro que emula los boomer shooters clásicos, con gráficos pixelados, paleta más bien contrastada y efectos de sangre y gore abundantes. El aspecto retro-pixelado no es puro 8 o 16 bits, sino que está reinterpretado con dinámicas modernas: movimiento fluido, iluminación, efectos visuales de impacto y una limpieza técnica que evita que se convierta en una mera simulación nostálgica sin pulido. Los biomas cambian, los enemigos presentan aspecto diferenciable y las armas lucen característicos efectos de disparo, lo que contribuye a una identidad visual coherente con la propuesta de acción intensa.
Desde una mirada crítica, la decisión estética es acertada, pues refuerza el carácter arcade del juego y su velocidad. No obstante, como contrapartida, la apuesta por un estilo retro siempre conlleva limitaciones: la simplicidad de modelos, la repetición de entornos y la falta de grandes momentos visuales de impacto pueden restar espectacularidad en comparación con shooters modernos más potentes. En algunos momentos, la repetición de texturas o la aproximación similar de ciertos escenarios hacen que el frescor visual mengüe. En plataformas de alto rendimiento, podría esperarse mayor variedad o detalle, pero la coherencia entre estilo y ejecución es adecuada. En conjunto, los gráficos de Bloodshed cumplen su cometido y contribuyen a la atmósfera de acción retro sin fricciones técnicas visibles en su mayoría.

El apartado sonoro de Bloodshed acompaña de manera efectiva la experiencia. La banda sonora se compone de temas electrónicos y de ritmo rápido que encajan con la intensidad de las oleadas de combate, elevando el sentido de urgencia y adrenalina. Los efectos de sonido —disparos, impactos, explosiones, rugidos de enemigos y caída de cadáveres— están bien programados y ofrecen el impacto adecuado para un shooter de este tipo. También, la implementación de efectos de gore y sonidos de destrucción refuerzan la brutalidad propia del género.
Sin embargo, desde un análisis más profundo, se observa que el sonido, aunque válido, no ofrece momentos que destaquen como memorables o únicos. La banda sonora funciona como un buen acompañamiento, pero no se asocia fácilmente a un tema que el jugador recuerde fuera del juego. Asimismo, la actuación de voz está limitada o ausente en muchos casos, lo que reduce la presencia narrativa sonora: los textos, las presentaciones o los diálogos de héroes/enemigos tienen prioridad menor, y el énfasis recae en la acción auditiva. Esto no es necesariamente un fallo en un juego centrado en disparos y rejugabilidad, pero sí significa que el sonido cumple más como herramienta funcional que como componente distintivo. Aun así, para el objetivo del título —acción rápida, múltiples partidas, mejoras persistentes— la calidad sonora es más que suficiente.

En conjunto, Bloodshed resulta una oferta sólida dentro del nicho de shooters roguelite con estética retro. Su historia cumple su función de punto de partida para la acción, su jugabilidad es su mayor virtud gracias a la velocidad, variedad de héroes y sistema de mejoras persistentes, los gráficos adoptan un estilo coherente que refuerza la identidad arcade, y el sonido acompaña con eficacia sin pretender brillar por sí solo. Los jugadores que buscan un shooter vertiginoso que combine muerte frecuente, mejora constante y rejugabilidad lo encontrarán atractivo.
No obstante, desde una mirada crítica, se advierte que el juego no empuja todos sus componentes hasta los límites de su género: la variación de entornos y patrones podría ampliarse, la profundidad de sistema de habilidades y builds es correcta pero no excepcional, y algunos aspectos técnicos en plataformas específicas requieren optimización. Además, el sonido y la narrativa no aportan capas adicionales de ímpetu más allá de lo funcional. En definitiva, Bloodshed cumple con creces lo que se propone, ofrece entretenimiento competente y bien ejecutado, pero no redefine el género. Para quien valore acción, progresión y estética retro sin complicaciones, es una apuesta recomendable; para quien espere un shooter roguelite de diseño revolucionario quizá quede algo por debajo.

