Purrrifiers: Cleaning Chaos es una propuesta indie que combina humor absurdo, coop caótica y simulación de limpieza con elementos de aventura. Desarrollado por Rubens Games y editado por FreeMind S.A. junto a PlayWay S.A. Su premisa puede sonar sencilla —limpiar suciedad— pero le da la vuelta al concepto gracias al caos, la cooperación y un sentido del humor desenfadado que pretende romper con los moldes de los simuladores tradicionales. La idea de mezclar limpieza con magia, gatos parlantes, hechizos y entornos poco convencionales le da un aire surrealista, casi caricaturesco, que define claramente su identidad visual y tonal. Esa apuesta por lo bizarro y lo cooperativo lo distingue en un mercado saturado de shooters, RPGs y títulos más serios.
Desde su anuncio, Purrrifiers ha generado interés sobre todo entre quienes buscan experiencias desenfadadas para jugar con amigos, sin la necesidad de dedicar horas a dominar mecánicas complicadas. Al ofrecer modo cooperativo hasta 4 jugadores, opciones de juego en solitario, y la posibilidad de “causar caos” deliberadamente —es decir, no solo limpiar, sino también jugar con las leyes de la física del juego—, el título se presenta como una oda al desmadre controlado: más allá de la limpieza, lo que importa es la diversión compartida.

La narrativa de Purrrifiers: Cleaning Chaos no sigue una estructura clásica de misiones dramáticas. En lugar de eso, propone un hilo conductor ligero: un universo lleno de inmundicia —basura, caos, desorden— que necesita ser purificado por un grupo de “Purrrifiers”, limpiadores algo locos con aspiraciones de devolver el orden, o al menos algo menos asqueroso. Las localizaciones varían entre estaciones de policía, casas de streamers, viviendas de magos, túneles subterráneos, escenarios de fantasía y entornos extravagantes, lo que permite una ambientación diversa que huye del realismo estricto.
El tono general de la historia apuesta por la comedia, lo absurdo y el sinsentido intencionado. No hay un arco narrativo profundo ni desarrollo dramático complejo; la historia funciona como excusa para encajar niveles, misiones y caos cooperativo. Eso no es un defecto: Purrrifiers no pretende contarte una epopeya, sino darte momentos desconcertantes, divertidos y caóticos. Las “misiones” no son tan misiones como escenarios de caos con música, gatos parlantes y herramientas disparatadas. En ese sentido, la narrativa cumple su función de ambientar pero sin pretensiones profundas, lo que encaja con la filosofía del título.
Hay que aceptar que esta ligereza narrativa deja poco espacio al desarrollo de personajes o arcos dramáticos. Los gatos y los NPC con los que interactúas cumplen un papel funcional: dan misiones, sueltan líneas cómicas o suponen pequeños giros argumentales humorísticos. Pero no esperes profundidad psicológica ni dilemas morales: el juego opta por mantener el caos ligero y la limpieza como pretexto. Esto puede ser una limitación para quienes busquen peso narrativo, pero dentro del contexto del juego es coherente.

La jugabilidad es sin duda el corazón de Purrrifiers: Cleaning Chaos, y donde el juego desplega toda su ambición creativa. Desde el primer contacto, el jugador entra en un universo donde las leyes de la física, la limpieza y el absurdo conviven en armonía: puedes usar limpiadoras a presión, aspiradoras, esponjas, sprays, varitas mágicas, e incluso herramientas tan estrafalarias como un “Poop Stick™”. El objetivo: limpiar —o al menos fregar lo suficiente—, mientras exploras localizaciones insólitas y luchas contra la suciedad, los desastres y los efectos mágicos del entorno.
El diseño de niveles es consciente de su naturaleza caótica. Las misiones no son recorridos lineales, sino escenarios abiertos o semiabiertos donde la exploración, la improvisación y la cooperación importan tanto como la limpieza. Cada mapa propone desafíos diferentes: recolectar basura, lavar superficies, ordenar objetos, resolver pequeños acertijos, e incluso enfrentarte a jefes con mecánicas surrealistas. Eso dota de variedad a la experiencia y evita que se convierta en una repetición monótona de tareas.
La cooperación entre jugadores es uno de los puntos más destacados. Hasta cuatro jugadores pueden unirse y repartir tareas, improvisar estrategias o sabotear (con humor) las expectativas de los demás. Esa libertad de colaboración o desorden creativo garantiza que cada sesión pueda ser diferente, y refuerza la rejugabilidad del título. No se trata solo de limpiar: muchas veces el verdadero juego consiste en ser creativos, caóticos, imprevisibles. Esa mezcla de cooperación, caos y trabajo en equipo funciona bien como fondo para sesiones informales entre amigos.

Además, el juego añade elementos de progresión y personalización ligeros pero útiles: puedes fabricar herramientas nuevas, mejorar las existentes, e incluso acceder a un modo sandbox (“Trashyard Sandbox”) en el que puedes lavar objetos generados proceduralmente, recolectar recursos y construir lo que los desarrolladores llaman “tu imperio de limpieza y reciclaje”. Esta opción abre posibilidades para quienes disfrutan de la creación y personalización más allá de los niveles convencionales, y añade un componente de gestión creativa que amplía la vida útil del juego.
No obstante, Purrrifiers aún deja sensaciones de estar en desarrollo: siendo acceso anticipado, hay carencias técnicas notables. Desde reportes de plagado de espacios vacíos, problemas de clipping, poblaciones escasas de NPCs, hasta sistemas de inventario confusos o fallos esporádicos en mecánicas de crafting. Estos defectos no resultan siempre graves, pero sí rompen a veces la inmersión o hacen que la experiencia dependa mucho del grupo y la paciencia del jugador. En sesiones intensas, la carga gráfica y la cantidad de efectos pueden provocar caídas de rendimiento en máquinas modestas, algo a tener en cuenta.
La curva de aprendizaje tampoco es abrupta, pero la variedad de herramientas, mecánicas de cooperación, roles y efectos mágicos puede abrumar un poco al principio. Quienes se acerquen sin expectativas de caos organizado pueden sentirse perdidos hasta que dominan lo básico. Pero esa dificultad inicial se equilibra con la sensación de libertad: una vez superada, el juego recompensa con momentos divertidos e inesperados.

Estéticamente, Purrrifiers adopta un estilo caricaturesco, colorido, caprichoso. Su diseño visual mezcla la estética de los dibujos animados con ambientes sucios, caóticos y exagerados, lo que refuerza la identidad de “limpieza caótica”. Las localizaciones son variadas: desde estaciones de policía, casas de streamers o de magos, hasta mundos de fantasía o escenarios más estrafalarios. Esa diversidad ayuda a que cada misión tenga su propio sabor, y evita que la ambientación se vuelva repetitiva.
Los modelos de personajes, gatos parlantes, NPCs y enemigos mantienen coherencia estilística: son simpáticos, expresivos y visibles pese al caos de colores y efectos. Las herramientas de limpieza y hechizos también tienen un diseño visual claro y reconocible, lo que facilita su manejo incluso cuando la pantalla está llena de partículas, agua, suciedad o efectos mágicos. Esa claridad visual es esencial en un juego tan caótico, donde saber qué estás usando y a quién estás apuntando puede determinar el éxito o el desastre.
En cuanto a técnica, el juego funciona aceptablemente en PC con configuraciones moderadas, aunque no sin limitaciones. Algunos jugadores señalan problemas de “draw distance”, clipping de texturas, escenarios poco poblados o efectos visuales menos pulidos en áreas secundarias. Estas imperfecciones no resultan grotescas, pero sí evidencian que el título está en fase temprana. El estilo artístico ayuda a disimular muchos de estos detalles: la apuesta por lo caricaturesco permite que la falta de realismo no se note tanto como en otros géneros. Para lo que se propone —caos, humor, limpieza y destrucción— la calidad gráfica es suficiente, sobre todo si se juega en cooperativo o con amigos, donde el factor diversión supera los detalles técnicos.

El sonido en Purrrifiers funciona como un refuerzo esencial de su identidad lúdica. La banda sonora mezcla melodías ligeras, efectos cómicos y una ambientación musical que acompaña el ritmo de la limpieza y del caos sin imponerse. No busca crear una atmósfera dramática, sino subrayar los momentos de locura, los “fail” absurdos, los éxitos caóticos y las risas compartidas. Eso ayuda a que la experiencia no se tome en serio, y funciona como un recordatorio constante de que el juego es una fiesta, no una simulación realista. Algunas reseñas destacan ese balance, valorando cómo la música refuerza lo humorístico incluso en entornos decadentes.
Los efectos sonoros de las herramientas —aspiradora, presión, esponja, agua, golpes, destrucción, hechizos— están bien trabajados: tienen suficiente cuerpo, suenan reconocibles y dan feedback inmediato, lo que ayuda a que la limpieza (o destrucción) se sienta satisfactoria. En situaciones de caos con múltiples jugadores y múltiples efectos, la mezcla funciona lo bastante bien como para no confundir, aunque no siempre mantiene claridad absoluta en los altavoces modestos.
El uso de gatos parlantes, NPCs caricaturescos y efectos de audio humorísticos contribuye también al tono general: los maullidos, las peticiones absurdas, los sonidos de caos, e incluso efectos ridículos potencian la identidad del juego. No hay doblaje tradicional rico en matices emocionales —no es un RPG—, sino más bien sonidos, comentarios y ambientación sonora diseñados para la diversión. Esa elección es coherente con el estilo del título y ayuda a sostener la atmósfera de “caos limpio” que pretende transmitir.

Purrrifiers: Cleaning Chaos es un experimento audaz y peculiar: mezcla lo absurdo, lo cooperativo y lo creativo con la idea de limpiar, pero nunca toma esa premisa demasiado en serio. Su ventaja principal reside en su identidad fuerte: humor, caos, gatos, cooperación, destrucción y limpieza conviven en equilibrio gracias a un diseño de niveles competente, variedad de herramientas y un espíritu juguetón. El juego ofrece un entretenimiento desenfadado y, sobre todo, social; es un título ideal para jugar con amigos, reír, improvisar, y convertir la limpieza en un juego de caos y risas.
No obstante, las carencias de su fase Early Access —espacios vacíos, IA o NPCs limitados, bugs visuales o mecánicos, diseño técnico mejorable— recuerdan que Purrrifiers aún está en desarrollo. Esto condiciona la experiencia, sobre todo si se busca consistencia, estabilidad o profundidad. La narrativa es mínima, los mapas muchas veces se sienten vacíos, y la curva de aprendizaje puede complicarse si no se juega con otros. Pero si aceptas estas particularidades como parte del paquete, el juego tiene gran potencial.
En definitiva, Purrrifiers: Cleaning Chaos se dirige a quienes buscan diversión instantánea, caos cooperativo y una experiencia ligera, creativa y caótica. No pretende ser un proyecto serio ni profundo, sino un motivo para reír con amigos, repartir suciedad y ver cómo el surrealismo convierte la limpieza en responsabilidad compartida. Si buscas algo relajado, improvisado, ridículo y cooperativo: este título merece una oportunidad. Si esperas lógica, pulido y profundidad… quizá te resulte insuficiente, al menos por ahora. Pero como experimento loco de limpieza mágica y caos controlado, Purrrifiers tiene su encanto.

