El título Mouthwashing aparece como una de las apuestas más singulares del panorama independiente de 2024, desarrollado por Wrong Organ y publicado por Critical Reflex. La propuesta conjuga elementos de horror psicológico y ciencia ficción en un entorno de supervivencia espacial, apelando a una estética retro-baja en polígonos que recuerda los juegos de la era PS1. La premisa es ya perturbadora: una nave de carga —la Tulpar— sufre un accidente y deja a su tripulación varada en un espacio oscuro e indefinido, mientras los recursos se agotan y la sanidad mental de los personajes se resquebraja.
Este contexto sirve como antecedente para una experiencia que no pretende basarse en la acción pura ni en mecanismos complejos de juego, sino más bien en la exploración narrativa, la atmósfera de inquietud y el desarrollo de personajes atrapados en el colapso de sus circunstancias. La elección de la estética, la estructura narrativa fragmentada y el ambiente claustrofóbico señalan desde el principio una intención artística más ambiciosa que muchos lanzamientos independientes. En este análisis se evaluarán los distintos aspectos del título —historia, jugabilidad, gráficos, sonido— con una mirada crítica y reflexiva, tratando de valorar sus aciertos y sus limitaciones.

La trama de Mouthwashing centra su atención en cinco tripulantes de la nave Tulpar: el capitán Curly, el copiloto Jimmy, la enfermera Anya, el mecánico Swansea y el becario Daisuke. Tras el accidente de la nave, la situación se agrava: Curly queda gravemente incapacitado, sin poder hablar ni moverse, y la dotación descubre que la carga que transportaban no es más que… botellas de enjuague bucal. A partir de ese descubrimiento la tensión se dispara, los recursos se agotan y se instala un clima de paranoia, culpabilidad y desintegración de la solidaridad entre los personajes. La narrativa adopta una estructura no lineal: el juego alterna escenas previas al siniestro y posteriores al mismo, cambiando perspectivas entre Curly y Jimmy, lo cual desorienta al jugador de forma deliberada y contribuye al sentimiento de caos.
En cuanto a valoración, el arco de la historia resulta sumamente eficaz en cuanto a atmósfera. La idea de un accidente intencionado, la traición que se insinúa, la culpabilidad que corroe al grupo y la sensación de inevitabilidad contribuyen a generar un horror más profundo que el mero susto fácil. Asimismo, los personajes, aunque no todos tienen la misma profundidad, funcionan como piezas de un mecanismo que muestra la caída de un equipo humano atrapado en circunstancias extremas. Sin embargo, no puede obviarse que la duración reducida del juego y su ritmo particular hacen que algunos elementos queden apenas esbozados. El cambio constante entre líneas temporales y la ambigüedad deliberada generan fascinación, pero también pueden desconectar a quienes buscan claridad narrativa. Así, la historia se alza como uno de los pilares del juego, aunque al costo de cierta accesibilidad.

La jugabilidad de Mouthwashing se basa fundamentalmente en la exploración en primera persona, con muy poca presencia de combate o mecánicas de supervivencia tradicionales. El videojuego se acerca más a lo que se ha denominado “walking simulator” o simulador de paseo, aunque con matices de horror, tensión ambiente y pequeños puzles contextuales. El jugador debe recorrer los pasillos de la Tulpar, observar su entorno, interactuar con ciertos elementos, recoger pistas, y avanzar en la narración mediante cambios de escena y perspectiva. En este sentido, la experiencia se orienta hacia la inmersión, la atmósfera, y el descubrimiento paulatino de lo que ha ocurrido. Este enfoque tiene sus virtudes: ofrece una experiencia concentrada, tautológica, en la que cada rincón, cada objeto y cada diálogo importan para construir la sensación de aislamiento, desmoronamiento y desesperación. El ritmo es contenido, casi pausado, permitiendo que el jugador absorba la tensión creciente y reflexione sobre el destino de la tripulación.
No obstante, esta simplicidad funcional también acarrea ciertas limitaciones que conviene destacar. Al prescindir de mecánicas más dinámicas, el riesgo es que la experiencia se torne demasiado pasiva para quienes esperan mayor interactividad o desafío. El hecho de que el control se reduzca a caminar, observar, pulsar y avanzar puede generar momentos en que el jugador se sienta más espectador que participante activo. Aun así, es precisamente esta elección la que permite que el juego centre su fuerza en el relato y la atmósfera, sin distracciones superfluas.
Es importante valorar que en este tipo de propuesta la coherencia entre mecánica y narrativa es clave, y en este caso la jugabilidad cumple su función como soporte del mensaje: la sensación de desplazamiento, de encierro, de inacción forzada y de horror lento está lograda. El gran logro reside en que, a través de una jugabilidad restringida, el jugador experimente la impotencia, el agotamiento y la angustia que viven los personajes. Podría argumentarse que este enfoque hace del juego una experiencia más artística que lúdica, lo cual está bien siempre que el jugador sea consciente de qué tipo de propuesta está eligiendo. En definitiva, la jugabilidad de Mouthwashing es coherente con su objetivo, reflexiva, efectiva en lo que pretende, aunque no apta para quienes demanden una experiencia más convencional o con mayor acción.

Visualmente, el juego adopta un estilo retro-baja poli (low-poly) que remite a los primeros días del 3D en consolas, una elección estética que se apuesta abiertamente como parte de su identidad. Las formas angulosas, los colores apagados o saturados según la escena, las texturas austeras y la iluminación contrastada crean un ambiente inquietante, casi fuera de tiempo. Este enfoque ofrece ventajas: libera al diseño de los personajes y escenarios del realismo costoso, permite que la imaginación del jugador complete lo que no se muestra y favorece la sensación de extrañeza. La estética consigue una atmósfera de nostalgia distorsionada que se adapta muy bien al tono descorazonador del título.
Por otra parte, desde una valoración crítica, cabe apuntar que esta decisión estética comporta que, para algunos jugadores, el grado de inmersión visual pueda palidecer frente a producciones más sofisticadas en gráficos. En ciertos momentos los modelos resultan demasiado simplistas, los efectos de luz poco refinados, y la paleta puede parecer repetitiva. Sin embargo, estos elementos también pueden leerse como parte del lenguaje visual del juego: la crudeza, la fragmentación y la simplicidad contribuyen a intensificar el sentido de deterioro del entorno y de la mente de los personajes. En resumen, aunque gráficamente Mouthwashing no aspira al esplendor técnico, su estilo funciona de forma deliberada y eficiente en su propuesta de horror psicológico. Para jugadores que valoran estética y atmósfera sobre potencia gráfica pura, el resultado es sólido; para otros, puede parecer limitado.

En el apartado sonoro, el juego muestra un trabajo de diseño que refuerza la tensión, la ambientación y el horror psicológico. La banda sonora es sobria pero eficaz, con momentos de quietud escalofriante, silencios prolongados que aumentan la sensación de soledad y espacios sonoros que se llenan de sonidos industriales, metálicos o crujientes. Los efectos de sonido acentúan el malestar: gemidos, respiraciones, ruidos de sistema, alertas lejanas, todo contribuye a que el jugador se sienta atrapado en la nave. El doblaje, aunque limitado en extensión dado el tipo de juego, cumple su función: la voz del capitán vomitada por la máquina, los gruñidos o la impotencia expresada a través del sonido refuerzan lo que el entorno visual ya sugiere.
Reflexionando críticamente, puede señalarse que el planteamiento sonoro prioriza la atmósfera más que la claridad narrativa: en ocasiones los efectos o la música son tan opresivos o abstractos que pueden distraer o generar fatiga. Además, al no existir una gran diversidad de piezas musicales, algunos pasajes pueden sentirse repetitivos tras un tiempo prolongado. Sin embargo, este diseño es coherente con la intención del juego de sumergir al jugador en un estado mental alterado, de confusión, de desgaste emocional. Así pues, el apartado sonoro está muy bien alineado con la temática y el estilo del conjunto, y aunque no se trate de un trabajo espectacularmente complejo, sí resulta muy competente y eficaz para lo que el juego pretende.

Mouthwashing construye una experiencia compacta, intensa y diferente. Su historia ofrece un choque de tensión psicológica y drama humano que, aunque breve, deja marca. Su jugabilidad se alinea con su intención narrativa, ofreciendo menos interacción y más inmersión atmosférica, lo que puede ser virtud o limitación según el perfil del jugador. Los gráficos adoptan un estilo retro que refuerza el desasosiego y la distorsión del entorno, mientras que el sonido completa la inmersión con un diseño minimalista pero hábil. A modo de valoración final, el título se perfila como una propuesta que desafía expectativas, más interesado en provocar sensaciones y reflexionar sobre aislamiento, culpa y desesperación que en entretener de forma convencional. Para quienes estén dispuestos a abrazar una experiencia de horror pausada, opresiva y cargada de significados, es una entrega imprescindible del género indie. Para quienes busquen acción frenética o mecánicas profundas, quizás se quede corto. En cualquier caso, Mouthwashing merece ser jugado, pensado y recordado.

