La franquicia NHL de Electronic Arts lleva más de tres décadas funcionando como la puerta de entrada más completa al hockey sobre hielo digital. Desde los primeros experimentos en consolas de 16 bits hasta las entregas modernas que incorporan tecnología de captura de movimiento, la saga ha mantenido la ambición de trasladar la intensidad, la velocidad y la estrategia del hockey real al terreno virtual. NHL 26 llega en un momento clave: los simuladores deportivos enfrentan la presión de evolucionar hacia experiencias más inmersivas y completas, mientras compiten por la atención de jugadores cada vez más exigentes y acostumbrados a un ritmo de innovación constante. La nueva entrega no solo debe ofrecer una versión más pulida de lo ya visto, sino también justificar su existencia frente a quienes esperan avances tangibles cada temporada.
En este contexto, NHL 26 aparece como un intento por afianzar los cimientos construidos en los últimos años y, al mismo tiempo, corregir ciertas deficiencias históricas que han acompañado a la franquicia. Lo hace con una propuesta que busca equilibrar accesibilidad y realismo, sin perder de vista que el hockey es un deporte complejo y, en ocasiones, difícil de trasladar a un público que no necesariamente está familiarizado con sus reglas y dinámicas. La pregunta que se impone es clara: ¿consigue NHL 26 ser una evolución significativa dentro de la saga, o se trata de una entrega continuista que refuerza más lo conocido que lo innovador?

El aspecto narrativo nunca ha sido el punto fuerte de los simuladores deportivos de EA, y NHL 26 no se aleja demasiado de esa tradición. Sin embargo, sí ofrece algunos matices que buscan dotar de mayor personalidad a la experiencia. El modo Be a Pro, que desde hace años es la columna vertebral del componente narrativo, regresa con una estructura que permite seguir la carrera de un jugador desde sus primeros pasos en ligas menores hasta alcanzar el estrellato en la NHL. El sistema ofrece elecciones en diálogos y decisiones sobre el estilo de juego, pero su guion sigue resultando predecible. Funciona como un marco para dar contexto a la progresión, más que como una trama con verdadero peso dramático.
Más interesante resulta el modo Franchise, donde el jugador asume el rol de mánager general de un equipo y debe tomar decisiones estratégicas a lo largo de varias temporadas. Aquí no hay una historia explícita con cinemáticas ni personajes memorables, pero sí se genera una narrativa emergente: la de un equipo que crece, cae o resurge en función de las decisiones que se tomen en materia de fichajes, tácticas y desarrollo de jugadores. NHL 26 no revoluciona este modo, pero sí introduce mejoras en la gestión de estadísticas y en la interacción con el personal técnico, lo que dota de mayor profundidad a la experiencia.
Aunque la historia no es un elemento central, lo cierto es que los modos narrativos cumplen su propósito de dar contexto y motivación a las partidas. No se trata de un relato memorable ni innovador, pero sí de un marco útil para quienes necesitan un hilo conductor más allá del simple hecho de disputar partidos aislados. En ese sentido, NHL 26 repite la fórmula conocida y la ajusta ligeramente, sin dar un salto transformador en lo narrativo.

La jugabilidad es el núcleo de cualquier simulador deportivo, y NHL 26 es plenamente consciente de ello. Desde el primer partido, se percibe un esfuerzo deliberado por refinar los sistemas que sostienen la experiencia. Uno de los avances más notorios se encuentra en la física del puck, que ahora se comporta con mayor naturalidad y variabilidad. Su movimiento, rebotes y trayectorias transmiten una sensación de realismo superior, reduciendo la rigidez que a veces afectaba a ediciones previas. Esta mejora, aunque sutil, se vuelve evidente a medida que se disputan más encuentros: el puck ya no es un simple objeto predecible, sino un elemento vivo que responde de manera convincente a las circunstancias del juego.
Los contactos físicos, por su parte, han sido optimizados para generar un mayor realismo. NHL 26 enfatiza el carácter de deporte de contacto del hockey: los choques contra las vallas, los empujones y los forcejeos por el control del puck tienen un peso tangible en la dinámica del partido. Estas interacciones físicas no solo añaden espectacularidad visual, sino que también influyen directamente en la estrategia. Saber cuándo cargar contra un rival o cuándo reservar energías se convierte en una decisión crucial que puede marcar la diferencia.
La inteligencia artificial experimenta otro salto cualitativo. Los porteros muestran un repertorio de movimientos más amplio y natural, con reflejos que parecen humanos y no simplemente algoritmos repetitivos. Los defensores se posicionan mejor, anticipan jugadas y presionan de manera más coherente. Incluso en las dificultades más bajas, se nota que la IA responde con mayor lógica, evitando situaciones absurdas que en el pasado rompían la inmersión. En dificultades más altas, la IA obliga a un planteamiento táctico riguroso, donde la improvisación tiene menos margen y cada error se paga caro.

El ritmo del juego ha sido objeto de un cuidado especial. El hockey real es trepidante, y trasladar esa velocidad al entorno digital siempre ha supuesto un reto. NHL 26 logra un equilibrio satisfactorio: los partidos se sienten dinámicos, con transiciones rápidas y jugadas intensas, pero sin caer en la exageración arcade. Esto permite que el jugador experimente la adrenalina del deporte sin que el control resulte caótico o imposible de dominar. Además, el juego ofrece opciones de personalización en la velocidad y dificultad, adaptándose tanto a veteranos que buscan una simulación exigente como a novatos que prefieren un acercamiento más accesible.
El multijugador sigue siendo uno de los pilares de la experiencia. NHL 26 refuerza sus modos online con un matchmaking más equilibrado y mejoras en la estabilidad de las conexiones. Las ligas virtuales y la posibilidad de formar equipos personalizados continúan siendo atractivos principales, especialmente para quienes buscan prolongar la experiencia más allá de los modos offline. Sin embargo, aún persisten ciertos problemas de latencia en partidos de ritmo muy alto, que pueden arruinar la precisión en momentos decisivos. Aun así, la sensación general es que el multijugador ha dado un paso adelante en organización y competitividad.
La personalización alcanza un nuevo nivel en esta entrega. Las opciones para editar jugadores, equipos y estadios se amplían de manera notable, permitiendo a los usuarios crear experiencias a medida. Esto no solo refuerza la identidad de cada jugador o franquicia, sino que también enriquece las ligas online, donde la creatividad se convierte en un elemento diferenciador. La posibilidad de diseñar uniformes, logotipos y hasta elementos visuales del estadio otorga un sentido de pertenencia que añade valor emocional a la experiencia.

No obstante, NHL 26 arrastra algunos problemas de fondo que la saga aún no logra resolver del todo. En situaciones específicas, los movimientos siguen mostrando cierta rigidez, especialmente en cambios de dirección bruscos o disparos desde posiciones complicadas. La curva de aprendizaje, aunque más cuidada que en ediciones pasadas gracias a tutoriales y ayudas visuales, continúa siendo exigente para quienes no están familiarizados con simuladores deportivos. Esto puede desalentar a jugadores nuevos, aunque quienes logran superar esa barrera encuentran un sistema de juego profundo y recompensante.
En definitiva, la jugabilidad de NHL 26 representa una evolución coherente más que una revolución. Sus mejoras en física, animaciones e inteligencia artificial consolidan la experiencia, mientras que las opciones de personalización y el multijugador amplían sus posibilidades. No resuelve todos los problemas históricos de la saga, pero ofrece una experiencia sólida que equilibra simulación y accesibilidad de manera más efectiva que nunca.

Visualmente, NHL 26 apuesta por el refinamiento antes que por la reinvención. El motor gráfico utilizado sigue mostrando un nivel notable, con modelos de jugadores detallados y animaciones fluidas que transmiten verosimilitud. Los uniformes reflejan con fidelidad los colores, texturas y movimientos reales, mientras que los rostros de las estrellas más reconocidas de la liga presentan un nivel de detalle convincente. No obstante, en jugadores secundarios o de menor renombre el modelado resulta más genérico, lo que genera una ligera desigualdad en la representación.
Los estadios reciben una atención especial en esta entrega. La iluminación dinámica genera atmósferas vibrantes y realistas, que varían según la hora del partido o la localización. El público, aunque todavía presenta cierta repetición de modelos, reacciona con mayor naturalidad a las jugadas, elevando la inmersión en momentos clave. Los efectos visuales en el hielo, como las marcas de los patines y los reflejos, contribuyen a reforzar la sensación de estar en un partido auténtico.
En cuanto al rendimiento, NHL 26 se mantiene estable en la mayoría de las plataformas, ofreciendo tasas de cuadros por segundo consistentes incluso en secuencias de gran intensidad visual. Aunque se detectan ligeras caídas en repeticiones muy cargadas, no afectan de manera significativa la experiencia. La optimización es adecuada, pero el motor gráfico comienza a dar señales de necesitar un salto tecnológico mayor para competir con los avances de otros simuladores deportivos contemporáneos.

El apartado sonoro cumple un papel crucial en la inmersión de NHL 26. La banda sonora incluye una selección de temas de rock, hip hop y música alternativa que acompañan menús y transiciones, manteniendo la energía característica del hockey. Aunque no sorprende por su originalidad, logra su objetivo de reforzar el dinamismo general del juego.
Los efectos de sonido en los partidos son el aspecto más logrado. El roce de los patines sobre el hielo, los choques contra las vallas y el sonido del puck al golpear los sticks están recreados con un nivel de detalle notable. Estos elementos hacen que cada acción tenga un peso sonoro convincente. El rugido del público, que varía en función del contexto del partido, añade una dimensión emocional indispensable.
La narración, a cargo de comentaristas, se mantiene en la línea de entregas anteriores. Ofrece variedad suficiente para evitar la repetición excesiva, pero todavía carece de la naturalidad de una retransmisión real. Las interacciones entre comentaristas, aunque mejoradas, siguen sonando algo mecánicas. Aun así, cumplen con su cometido de acompañar el partido y aportar información relevante al jugador.

NHL 26 se presenta como una entrega sólida que apuesta por la evolución gradual antes que por la revolución. En lo narrativo, sigue siendo un complemento funcional pero limitado, mientras que en jugabilidad se aprecian mejoras significativas en física, animaciones e inteligencia artificial, consolidando una experiencia equilibrada entre realismo y accesibilidad. Gráficamente cumple con creces, especialmente en la ambientación de estadios, aunque su motor muestra signos de necesitar una renovación más profunda. El sonido, por su parte, logra reforzar la inmersión con efectos convincentes y una banda sonora adecuada, pese a que la narración todavía podría ser más natural.
En conjunto, NHL 26 no redefine la saga, pero sí la afianza como el referente del hockey digital. Es un título que sabe satisfacer a los seguidores más fieles y que, gracias a una mayor accesibilidad, puede atraer a nuevos jugadores dispuestos a adentrarse en este deporte. Su principal virtud está en ofrecer una experiencia consistente y profunda, que logra transmitir la intensidad del hockey sobre hielo sin sacrificar jugabilidad ni emoción.

