Análisis de Oppidum

Oppidum surge como una propuesta notable dentro del género survival cooperativo, obra del estudio español EP Games, conocido por su trabajo en Temtem y otros títulos independientes. El juego se anunció en fases de desarrollo en 2024 y se lanzó oficialmente el 23 de abril de 2025 en múltiples plataformas: PC, PlayStation 4/5, Xbox One/Series X|S y próximamente Nintendo Switch, junto a soporte para juego cruzado y varias opciones de accesibilidad. Oppidum combina elementos de supervivencia, construcción, exploración y narrativa: los jugadores aterrizan en la isla de Insule, un territorio mágico azotado por una misteriosa corrupción que amenaza su equilibrio. El objetivo consiste en establecer un campamento funcional, reunir recursos, desarrollar equipamientos y fortalecer la sociedad local, esto solo o acompañado por hasta tres amigos.

Desde su anuncio, el juego generó interés por presentar una ambientación fantástica, gráficos estilizados y una mezcla equilibrada de aventura y supervivencia. EP Games, con raíces en proyectos previos y una pequeña comunidad involucrada en betas tempranas, trabajó activamente en refinar sistemas de exploración, combate, agricultura y narrativa emergente. La propuesta es clara: ofrecer una experiencia de supervivencia accesible y adaptable, alejada del exceso de complejidad, pero lo suficientemente profunda como para sostener sesiones largas y cooperativas.

La narrativa de Oppidum es sencilla pero eficiente. Se nos presenta como el último recurso para salvar Insule, portadores de una profecía y vinculados a la energía mágica Tamai, fuente vital que debe restaurarse para contrarrestar la corrupción. Cada misión nos lleva a interacciones con habitantes locales, como el entrañable guía Kay o la comerciante ambulante Dora, cuyas historias aportan vida al mapa y subtramas menores. Las conversaciones, aunque no profundas, suman cohesión al conjunto, al tiempo que animan a los jugadores a aprender más sobre los distintos biomas de Insule.

Particularmente destacable es que la narrativa no impone ritmo ni tono; el relato se adapta a nuestro estilo de juego, ya sea exploración calmada o acción en equipo. Esta flexibilidad narrativa encaja con la propuesta general: no se busca contar una historia épica con giros dramáticos, sino acompañar nuestro progreso como constructores y salvadores. En este sentido, la historia funciona como un hilo conductor para nuestras acciones, lo suficientemente ligera para no sentirse intrusiva, pero coherente para aportar propósito constante.

Oppidum presenta un ciclo de juego bien equilibrado. En su núcleo están la recolección de recursos, la construcción del campamento y el combate. Extraer madera, minerales o cazar animales es sencillo, rápido y casi automático, lo que reduce la carga tediosa habitual en otros juegos survival. Este sistema ágil se agradece, ya que nos permite concentrarnos en crear una base funcional con refugios, forjas, granjas y herramientas útiles para progresar.

La construcción y progresión del campamento se definen a través de planos que desbloqueamos al avanzar, generando un crecimiento palpable. Además, criamos ganado, plantamos cultivos y cocinamos alimentos que otorgan beneficios temporales. Este ciclo de gestión y mejora aporta cierta sensación de calma y recompensa, ideal para sesiones largas y compartidas en cooperativo.

El combate, aunque sencillo —con botón de ataque, bloqueo y esquiva— resulta fluido y ocasionalmente exigente, sobre todo cuando nos adentramos en zonas corruptas o enfrentamos enemigos de nivel más alto. La dificultad se balancea mediante un sistema de calaveras que indica la amenaza enemiga incluso antes de comprometerse, lo que aporta claridad y reduce frustraciones. Las armas y armaduras tienen durabilidad, y cuidar su mantenimiento añade una capa estratégica a la confrontación.

También hay funciones de pesca, comercio, alquimia y personalización de personaje, lo que amplía el abanico de actividades sin complicar en exceso el equilibrio. El desarrollo cooperativo y la generación de contenido emergente hacen que cada partida se sienta diferente, y la variedad de biomas, jefes y tareas evita que la experiencia se vuelva monótona, aunque algunos encargos secundarios pueden sentirse menos inspirados.

La estética de Oppidum está claramente inspirada en los juegos estilo cartoon, con colores vivos, formas suaves y un estilo visual similar a Zelda: Breath of the Wild, aunque sin imitarlo por completo. Insule ofrece paisajes diversos, desde colinas ventosas hasta zonas pantanosas, cuevas y playas, cada una con su propia identidad y detalles visuales agradables. Incluso después de recolectar materiales, se mantienen versiones etéreas que dan sensación de regeneración constante.

Aunque no busca un estilo propio rompedor, su coherencia y carisma resultan efectivos: los personajes tienen rasgos distintivos, y los efectos visuales, bien gestionados, enfatizan el entorno mágico e incluso los combates. El diseño estilizado facilita la legibilidad visual, reduciendo la carga gráfica sin sacrificar inmersión, ideal para un equipo pequeño como EP Games. En definitiva, los gráficos cumplen su propósito y soportan la jugabilidad de forma coherente.

El apartado sonoro de Oppidum merece elogios en varios niveles. La banda sonora, compuesta por Juan Hust, aporta melodías ambientales cargadas de encanto épico y serenidad, adecuadas para un mundo mágico pero no demasiado solemne. Los efectos ambientales –como viento, olas, el crepitar de la forja o el canto de aves– ayudan a crear una atmósfera vivaz y envolvente.

En combate, los sonidos de impactos, golpes y choques resaltan la fluidez del sistema y añaden peso sin saturar, entregando la intensidad necesaria sin romper el tono del juego. Estas señales sonoras son funcionales y ayudan a transmitir de forma clara la interacción con el entorno.

Las voces son discretas y eficaces: pocos diálogos hablados, pero los personajes como Kay o los aldeanos emiten expresiones cortas y distintivas que aportan carácter sin requerir doblaje completo. Esto refuerza la simplicidad narrativa y mantiene enfocado el audio en lo relevante. En general, el conjunto sonoro complementa muy bien la experiencia, equilibrando inmersión, información funcional y coherencia tonal.

Oppidum es una aventura que fusiona supervivencia, construcción, exploración y narrativa de forma eficiente y accesible. Su historia no pretende ser épica ni profunda, pero sí ofrece un propósito claro y motivos para explorar, ayudar a personajes como Kay o Dora y restablecer el equilibrio de Insule. Esta trama, ligera pero coherente, actúa como hilo conductor sin imponerse.

En jugabilidad, destaca la fluidez y la libertad creativa que proporciona el sistema de recolección, construcción y combate. La sencillez de las mecánicas no resta interés; al contrario, permite sesiones cooperativas entretenidas y variadas, aunque algunos elementos secundarios podrían mejorar y el combate mostrarse repetitivo a la larga. No obstante, la presencia del sistema de calaveras, la durabilidad del equipo y la accesibilidad hacen que el juego se sienta justo y dinámico.

Visualmente, Oppidum propone una estética simpática, colorida y evocadora, con elementos de regeneración ambiental que aportan frescura. Su estilo no busca originalidad radical, pero sí lograr coherencia y suavidad, lo cual encaja bien con el tono y la propuesta general.

En lo sonoro, el diseño brilla: la banda sonora complementa los escenarios sin pretensión excesiva, los efectos sonoros aportan claridad y la voz discreta de los NPCs otorga personalidad. El conjunto resulta armónico y funcional, enriqueciendo la inmersión sin distraer.

En resumen, Oppidum destaca como una experiencia accesible dentro del género survival, con alma, variedad y encanto visual y sonoro. No busca revolucionar la rueda, pero sí ofrecer un refugio cooperativo, entretenido y con margen para crecer. Para quienes valoren la exploración tranquila, el juego en equipo y los mundos estilizados cargados de color, Oppidum ofrece muchas horas de disfrute, con suficiente sustancia para justificar su precio y brindar una experiencia satisfactoria y serena.