Skin Deep es un juego de sigilo y disparos en primera persona —también conocido como “immersive sim”— desarrollado por Blendo Games (de Brendon Chung, autor de títulos como Thirty Flights of Loving y Quadrilateral Cowboy) y publicado por Annapurna Interactive.
El juego se enmarca en un universo sci-fi singular: interpretas a Nina Pasadena, una “insurance commando” criogenizada a bordo de barcos espaciales. Cuando una nave es tomada por piratas, Nina despierta y debe salvar a la tripulación: ¡un grupo de gatos con cabezas cúbicas! A partir de aquí, combina sigilo, improvisación con el entorno y humor absurdo y slapstick.
La propuesta se inspira en grandes del género como Thief, Dishonored o Deus Ex, pero con un enfoque cómico y juguetón, donde usar plátanos, jabón o limpiador no es solo posible, ¡es tan divertido como disparar!

La trama sigue a Nina mientras rescata a los gatos atrapados por la banda pirata conocida como the Numb Bunch, descubriendo además la figura tras estos piratas: ¡su propia clon, Zena, surgida de un accidente en el “wonky space”!
La narrativa tiene un tono desenfadado, con correos electrónicos de los gatos rescatados (desde el poeta hasta el buceador), y giros como el duelo silente con Zena en una base en forma de fortaleza; luego termina en una escena de playa donde gatos y piratas juegan volleyball.
Me encanta este tipo de narrativa: es “slapstick espacial” envuelta en una inmersiva sim, pero sin peso dramático excesivo. El guion es breve pero efectivo, con un arco central esperable (la clon, los rescates, la alianza) y humor sólido que no se siente forzado. Un planteamiento distinto, ideal para quienes buscan algo ligero pero original.

Skin Deep destaca por su enfoque en mecánicas de immersive sim que premian la creatividad y la experimentación. Cada misión se desarrolla en entornos semiabiertos llenos de rutas alternativas: conductos de ventilación, escotillas, pasillos exteriores y otros accesos no convencionales que fomentan la exploración. La interacción con el entorno es amplia y muchas veces absurda: puedes resbalar enemigos con jabón, hacerlos estornudar con pimienta, dispersar gas inflamable, o incluso duplicar objetos con la “duper gun”. El combate es opcional, pero si decides neutralizar enemigos, debes arrancarles la cabeza y deshacerte de ella por una trampilla o el váter, para evitar que se regeneren.
La protagonista, Nina, está diseñada con una vulnerabilidad táctica que exige atención: va descalza, puede sangrar si pisa vidrios, tiene un inventario limitado a cinco objetos y puede estornudar si inhala polvo, lo que puede delatar su posición… o matarla si lo hace dentro de un conducto. Para ayudarte, cuentas con el Memory Palace, una especie de diario mental donde se almacenan códigos, pistas y anotaciones útiles. El guardado solo es posible desde terminales —no hay quicksave—, lo que refuerza un enfoque más orgánico y menos dependiente de la repetición. Todo este conjunto crea una experiencia juguetona, caótica y deliciosamente impredecible.
Skin Deep captura muy bien lo mejor del género: libertad creativa, emergencias caóticas, diseño reactivo. Pull off combos improvisados (jabón+gas+lumbre), y ver el resultado (explosionar la sala o flotar fuera de la nave) surge puro gozo cinemático.
Sí, algunos niveles finales pueden sentirse repetitivos y ciertos sistemas saturan un poco. Y los bugs/crashes en la parte final son notorios. Pero el diseño base es tan sólido que compensa esas asperezas y mantiene la emoción de inventar la próxima locura.

Skin Deep usa un estilo poligonal retro, gracias al idTech 4 (motor de Doom 3), que le imprime una estética “low‑poly cuidada”. No pretende realismo; busca diseño distintivo, colorido y funcional. Y lo consigue: los cubo‑gatos, los plátanos deslizantes y las habitaciones espaciales tienen encanto visual.
La textura plana y los ángulos simplificados recuerdan a clásicos como System Shock o No One Lives Forever, pero con un twist pop y humorístico. Algunos críticos dicen que la imagen “se ve primitiva”, pero creo que es parte del carisma del título: abandona el fotorealismo para centrarse en identidad visual y legibilidad en combate.
El look “retro moderno” le da personalidad. No sorprende gráficamente, pero es coherente, efectivo, y contribuye a diferenciarlo de otros sims. Me gustó ese choque de sensaciones: gráficos anticuados con caos impredecible en cada sala.

La banda sonora está compuesta por Priscilla Snow, la OST tiene un aire cartoonish y alegre, acorde con los escenarios de cada nave. No es memorable a primera escucha, pero acompaña con buen gusto e incrementa la sensación ambiental.
Por otro lado, los efectos de sonito son muy variados, desde la patada de plátano, el estornudo, el sonido de la cabeza flotando, hasta el “splodge” del jabón lanzado. Cada uno agrega chispa cómica y sensorial. Escuchar un estornudo en conducto y ver a los enemigos reaccionar es simple placer de diseño sónico.
En cuanto a su apartado de voces, estas cuentan con grunts, maullidos, gruñidos, pero no con diálogos convencionales. Esto encaja perfecto con su tono humorístico: comunicación gestual más que verbal, eficiente y divertido.
El audio redondea la experiencia. El slapstick no solo se ve, se oye. Hay coherencia sonora, humor integrado en cada sonido y una atmósfera rica sin alardes musicales. Muy bien logrado.

Skin Deep es un immersive sim ingenioso que toma la libertad creativa de sagas como Dishonored, la inserta en un sandbox estrafalario con piratas espaciales, gatos y clones absurdos, y añade una pizca de humor slapstick puro. ¿El resultado? Una experiencia fresca, divertida y memorable.
Skin Deep ofrece una historia ligera pero bien estructurada, con un humor absurdo que funciona gracias a su tono consistente y una ejecución medida. El conflicto central con Zena, una clon malvada de la protagonista, le da un arco narrativo claro sin robarle protagonismo al verdadero encanto del juego: el caos cotidiano de rescatar gatos y enfrentar piratas espaciales con métodos poco convencionales. La narrativa no busca profundidad, pero sí entretiene y cierra con una resolución satisfactoria y coherente con su estilo desenfadado.
En lo jugable, el sistema brilla por su diseño emergente, que favorece la improvisación por encima del control. Hay espacio para ser creativo, para fallar con gracia y para convertir el desastre en una victoria. Aunque en ciertos momentos los niveles pueden volverse algo repetitivos y los bugs restan pulido, el conjunto sigue siendo sólido. A nivel visual, el estilo low-poly es más una declaración de identidad que una limitación técnica: claro, legible y estéticamente coherente con el humor del juego. Y en el apartado sonoro, Skin Deep destaca especialmente: los efectos y sonidos refuerzan el tono slapstick de forma brillante, mientras que la música y los elementos vocales, aunque discretos, aportan lo justo para mantener el ritmo sin distraer.
Skin Deep no es una obra maestra técnica ni narrativamente profunda, pero sí es una gozada para quien busca humor, creatividad y caos controlado. Su propuesta es modesta, pero bien ejecutada: inmersivo, ingenioso e irreverente. Ideal para 10‑12 horas de diversión imaginativa. Déjalo hablar con gatos, plátanos y muchísima pólvora lunar.

